2018 / Nov / 13

Tras salir del edificio resoplé molesta conmigo misma por haber podido perder la oportunidad de un gran trabajo, pero si era realista, sabía que hubiese estado bastante más tiempo en tensión que de otra forma, así que no sabía si debía agradecer a mi lengua incontrolable por semejante labor o a mi inusual poco manejo de cualquier tipo de emoción.

Moví mi cuello de un lado al otro, hice posturas que seguramente me vendrían mucho peor para aliviar el dolor y la tensión, pero en la busca desesperada de algún sonido que cambiase mi malestar por una negación completa de dolor, me abstraje lo suficiente para luego abrir mis ojos encontrándome con un vaso de mi refresco favorito delante. Parpadeé en varias ocasiones hasta que dejé de enfocar lo que tenía en primera línea, viendo que era Derek quien tenía en su mano ese refresco además de una inmensa sonrisa por volver a verme. ¿Cómo alguien podía llegar a hacerme sentir tan especial?

— Por tu cara tiene pinta que no te ha ido demasiado bien, así que, por si las moscas he traído el kit de celebración o de consolación, como quieras verlo, refresco, un bollo calentito y entradas para ver ese musical que tanto querías ver sobre Michael Jackson. Bueno, espero que sea ese musical o sino su primo hermano más económico. No quedaban muchas entradas en ninguno —murmuró haciendo una mueca antes de provocar que yo misma mordiese mi labio inferior buscando esconder una sonrisa imposible de tapar.

— Sabes siempre qué hacer para levantarme el ánimo —musité con una sonrisa y me olvidé rápidamente de la nefasta entrevista antes de besar sus labios aplastando mi cuerpo contra el contrario a pesar de que él tuvo que ser mucho más rápido o hubiésemos terminado empapados de refresco de naranja.

Sus labios y los míos casaban a la perfección, aunque no sabía si de esa forma que él hubiese denominado perfecta, poco tiempo antes me había asegurado que en la mayor parte de las películas, series y fotografías, la mayoría de los besos son un verdadero desastre y, ese recuerdo, casi consigue que me carcajee contra su boca pensando que podría ser yo misma quien fuese la que le estuviese “comiendo” o “masticando” en esa ocasión.

Derek terminó poniendo su frente contra la mía separándose de mi boca tan solo para permitirnos respirar a ambos. Él tenía mucha más capacidad pulmonar que yo, más resistencia por el ejercicio que realizaba todos los días, pero en cuanto aumentábamos mínimamente la pasión del beso ambos perdíamos el control transformando nuestras respiraciones en algo bastante más caótico de lo esperado.

— Creo que deberíamos ir yendo hasta el teatro si queremos ver ese espectáculo —susurró contra mis labios y le robé un pequeño besito que ocasionó su sonrisa.

Me separé de él para comenzar a caminar dándole un gran trago a ese delicioso refresco que siempre me terminaba dejando acidez en el estómago por su dulzura, pero a veces uno soporta esos pequeños males por puro placer culpable.

— ¿Quieres hablar de la entrevista? — preguntó antes de envolver mi cintura con su brazo acercándome a su cuerpo.

— No hay mucho que decir. Tengo que aprender cuándo debo callarme, eso es todo. Pero tampoco creo que fuese a ser el trabajo de mi vida, así que no es una gran pérdida, al fin y al cabo —me encogí de hombros volviendo a beber ese refresco dado que no podía evitar sentir que la garganta me suplicaba por algún líquido.

— En realidad, creo que son ellos quienes se lo pierden si no quieren tener tu espontaneidad entre sus filas. No creo que sea tanto un fracaso tuyo, sino algo que ellos deberían hacerse mirar porque no existe mejor candidata que tú —contestó con seguridad y no pude evitar soltar un profundo suspiro. Él era la manera perfecta de contrarrestar todo lo que mi cabeza estuviese pensando, aunque, esta segunda, tuviese mucha más fuerza; quizá solamente por el hecho de estar en primera plana y tener controlados los caminos que había que seguir para lograr una bajada de ánimo intensa.

Hay en ocasiones que me preguntaba hasta qué punto me conocía de forma inconsciente mientras que de manera consciente era en ocasiones un completo misterio para mí misma. Suspiré pesadamente sintiéndome algo más baja de ánimo que antes, pero agradeciendo, de alguna manera, que él estuviese a mi lado casi cuidándome como si fuese un bebé en ocasiones.

— Sinceramente no sé cómo me soportas en ocasiones o cómo tienes la paciencia de tratar conmigo —comenté encogiéndome de hombros y terminando por llevarme un trozo del bollo que me había llevado a la boca cansada de intentar aguantar la ansiedad que me producía el aluvión de pensamientos que campaban a sus anchas por mi mente.

La calle estaba repleta de personas, pero era igual que si estuviésemos tan solo Derek y yo. Jamás había sentido esa claridad de pertenencia a un lugar o que no estoy siendo rechazada de ninguna de las formas en las que a mi mente se le podía ocurrir que lo fuese. Estaba allí, frente a un hombre que a pesar de todos mis temores, adoraba cada milímetro de mi ser y por mucho que una parte de mi cabeza, la que siempre terminaba ganando en todas las peleas, no se lo creyese.

— Lo dices igual que si fuese un trabajo extra. “Soportarte” no es el término más apropiado. Cuando estoy contigo no tengo la sensación de estar haciendo un esfuerzo, al contrario, disfruto cada segundo, cada sonrisa que consigo sacarte, cada mirada con ese brillo o, incluso, esas ideas que no dejan de fluir una detrás de otra aunque tema que termines con tanta ansiedad que salgas disparada hacia el espacio. No hay una sola cosa que no me guste de ti o que me haga temer algún segundo a tu lado, al contrario, si temo, temo segundos solo, lejos de la chispa y de la luz que impartes a mi vida —susurró contra mi oído provocando que cada palabra tuviese un efecto aún mayor en mi interior.

Mi corazón palpitaba dolorosamente y mi cuerpo tan solo quería estar entre sus brazos, pero la vergüenza y la poca facilidad que tenía para no sentirme vulnerable o incómoda ante palabras así, propició mi silencio y un sonrojo que Derek terminó acariciando con la punta de su nariz.


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