2018 / Sep / 23

Los hombros de Derek y su mandíbula estaban tensos. Había dejado el tenedor en la comida y parecía estar debatiéndose si responder o no a lo que había preguntado. Llevó la servilleta a sus labios y se los limpió antes de levantarse de la mesa dándose la vuelta para regresar al estudio.

— ¿Es así cómo va a funcionar esto? Te enfadarás, no me hablarás y tendré que soportar tus desplantes… —yo misma también dejé el tenedor en mi plato.

Se paró en seco en su avance y finalmente se giró mirándome con una sonrisa burlona en los labios.

— ¿Es así cómo va a funcionar esto? ¿Vas a seguir invitando a mi casa a tus estúpidos amiguitos? ¿Quién será el próximo, Kyra? ¿Damian? ¿Verdoux?

— Pero… ¿qué estás diciendo?

— ¿Qué es lo próximo que harás? ¿Dejarás que sigan haciéndote daño por placer sistemáticamente? ¿Aceptarás que pueden usarte para lo que les dé la gana?

Me levanté porque no me gustaba sentirme en situación de inferioridad. De hecho, se había despertado en mi interior una ira que tan solo había aparecido con toda su fuerza delante de mis padres. Esa ira que no había podido controlar en determinadas ocasiones y que me había llevado a los peores lugares posibles.

— Primero, pensaba que era NUESTRA casa, lamento haber cometido ese fallo y no haberte pedido permiso hasta para respirar. Segundo, yo no he invitado a nadie. Heinrich ha venido porque le ha dado la puñetera gana. Y tercero, ¿qué quieres decir con eso de quién será el próximo? —mi ceño se frunció antes de apretar entre mis dedos el respaldo de la silla en la que antes había estado sentada.

— Claro que es nuestra casa, pero…

— ¿Es tan solo nuestra casa porque queda bonito, pero a la hora de la verdad tengo que contarte quién o quién no va a venir porque no tengo libertad de invitar a nadie o porque no puedo hacer un puñetero cambio en toda la decoración?

Todo mi cuerpo se había crispado. Derek se estaba poniendo demasiado rojo intentando contener lo que fuese que se estaba callando. A diferencia de que él creyese que podía estar protegiéndome de alguna forma, que no dijese palabra alguna tan solo daba alas a mi mente para pensar en las peores cosas que pudiese estar pensando.

El silencio cayó denso sobre nosotros. Ambos nos mirábamos como si fuésemos a sacarnos los ojos en cuanto saltásemos sobre el otro como un par de animales aceptando que el otro tenía un serio problema por haberse metido con nosotros. Allí el respeto y el control estaban cruzando una cuerda floja sobre un desfiladero y si tropezaban no había forma de evitar el golpe fuerte.

Derek se dio media vuelta para regresar a su estudio y cerré los ojos al ver su espalda intentando de esa manera controlar lo que parecía ya completamente inevitable. Él mismo había empujado a mi autocontrol por el desfiladero.

— ¡No te vayas!

El grito escapó del interior de mi garganta como lo hubiese hecho un rugido. Mi mirada había vuelto a fijarse en su espalda y todo mi ser se había colocado en posición de ataque, no había defensa posible. Aquello era golpear o morir, no había nada más.

Se giró despacio y regresó hasta la silla donde antes se había sentado casi posicionándose en la misma forma que yo. Sus dedos parecían garras aferrándose a la madera de la silla. Su cuerpo pedía a gritos una liberación que no sabía si su mente estaba dispuesta a concederle.

— No me grites.

— No me des la espalda, entonces.

— No invites a gilipollas a mi casa, entonces.

— Teóricamente es MI casa también, ¿no?

— No cuando se trata de tener que soportar a gilipollas abrazando a MI novia.

Eran celos. Vale, todo eran celos, así que tenía que intentar bajar la intensidad, pero por mucho que pudiese aceptar que fuese celoso, no podía permitir que me tratase de esa forma hasta que se le pasase el enfado.

— Te dije que yo no le había invitado —musité intentando hablar aquello más tranquilamente, pero haciendo un esfuerzo la mar de titánico.

— ¡Claro, Kyra, claro! Por eso vino aquí, por obra y gracia de alguna deidad para verte la cara, ¿no?

Apreté mi mandíbula intentando contener mis ganas de soltarle una fresca antes de mirarle con cara de pocos amigos.

— ¿Para qué demonios te mentiría?

— ¿Porque lo haces con prácticamente todo?

Parpadeé incrédula. ¿Con todo? ¿Cómo que le miento en todo? ¿Me estaba tomando el condenado pelo? Y lo poco que había logrado retener a la bestia sin cabeza que bramaba rabiosa en el interior de mi pecho ya no servía para nada. Había vuelto a la acción.

— ¿Eso piensas? ¿Crees que te miento en todo? ¿Qué querías decir con lo del “próximo”?

Sus ojos se desviaron de mí y un súbito pensamiento cruzó mi cabeza. Me acerqué a él como lo haría un animal salvaje a otro, dispuesta a ganar la pelea, a sacarle lo que había dentro de su mente.

— ¿Qué es lo que piensas, Derek? ¿Piensas que voy detrás de ellos?

— Lo haces.

— ¿Y qué es lo que crees? ¿Crees que les llamo cuando no estás y me los follo aquí mismo? ¿¡Es eso lo que crees!? ¡Contesta!

— Yo…

Suficiente. Eso era suficiente. Cerré mis ojos con fuerza conteniendo las ganas de llorar antes ser yo ahora quien desviase la mirada. La densidad del silencio que acompañó a sus últimas palabras fue completamente devastador. Podía sentir cómo poco a poco iba ahogándome, asfixiándome en el lugar que había creído que podía ser mi punto de referencia y salvación. ¿Cómo era posible que todo se hubiese torcido tanto? ¿Cómo habíamos pasado de la felicidad a…. a eso?

— No soy un buen hombre para ti. No deberías estar conmigo —alzó su mano hacia mi mejilla, pero antes de que la tocase agarré su muñeca entre mis dedos mirándole con las lágrimas que había querido esconder en el interior de mi ser para no resultar vulnerable.

— ¿Sabes qué? Que por una vez estamos los dos de acuerdo en algo.

Solté su mano de mala manera y me fui de allí sin importarme que el resto de mis cosas estuviesen allí. Volvería cuando él no estuviese para llevarme absolutamente todo.


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