2018 / Sep / 22

El Photoshop debía volverse mi aliado durante unas horas para intentar lograr una invitación diferente en un intento por hacer más atractiva la convocatoria familiar para enfrentarme a uno de mis frenos, mi incapacidad por tratar el tema como era, si tenía un problema de salud mental no debía ni me permitiría más seguir escondiéndolo como si tratase de la mayor vergüenza de la humanidad.

Coger fuerzas era bastante más complicado cuando sabías a qué te enfrentabas. Había que quitarse la careta de una vez por todas y mostrar todo lo que había en realidad detrás.

Tras varias horas intentando que algo me gustase mínimamente, había terminado la invitación. Hiciese lo que hiciese iba a ser la más crítica conmigo misma, así que me obligué a imprimirla para ver qué le parecía a Derek cuando terminase de trabajar. Él tenía sus propios problemas con su nuevo encargo. Algunas veces tenía que ir a realizar fotografías, pero siempre había algo que no le gustaba demasiado, así que cuando se trataba de algunos parajes teníamos que ir hasta el mismo sitio y parecía que en esa ocasión tendríamos que hacer lo mismo, en cuanto terminase ese último cuadro de algo que se escapaba de mis conocimientos de arte. ¿Qué demonios era eso? Nunca había comprendido el arte abstracto.

Dejé la invitación sobre la mesita, sin enviar. Debía pensar qué podía decir en aquella charla, dado que no deseaba ni que pareciese una clase en la que tuviesen que tomar apuntes, ni tampoco quería que creyesen que no era nada serio. Una de mis primeras intenciones era explicarles que no tenía ninguna intención de señalarles con el dedo y decirles lo que habían hecho mal o algo parecido. Debía poner unas pequeña normas al principio, como el hecho de que me dejasen terminar de hablar antes de interrumpir o hacer alguna pregunta y aunque mi intención es que no pareciese como una clase, en fin, no tendría más remedio que poner un folio y bolígrafos para evitar que se les olvidasen las preguntas que deseasen hacerme al final de mi pequeña conferencia.

Llevé mis dedos al puente de mi nariz apretándolo ligeramente antes de resoplar sabiendo que en cuanto enviase eso iba a meterme en un lío de los gordos. Quizá para los demás no fuese mínimamente importante, pero para mí suponía un gran paso y un intento por arreglar en lo posible la situación familiar, si después de eso todo seguía igual de tirante con el tiempo, entonces tendría que reconocer que no podía hacer más que ponerles una sonrisa aunque no la sintiese en ningún momento verdadera.

Sabía que requería tiempo asimilar la información que iba a darles, pero realmente creía que podía servir, que podía ayudar a mi situación, a ese instante que se estaba prolongando demasiado tiempo y demonios, si quería dar un paso hacia delante y mi familia me decía que me quería como aseguraban, entonces, ¿por qué no apoyarme en algo así? No hablaría de mi hermana, de mi hermano, de mi padre, hablaría solamente de mi propia vida. Aceptaría mis problemas frente a los demás e intentaría evitar que, salvo causas mayores, nadie que terminase cayendo en una situación similar a la mía pisase un maldito hospital sin que los responsables legales de esa persona supiesen lo que se sufría, el trato recibido. Quería tender la mano esperando que todos me la cogiesen, hasta aquellos miembros de mi familia que no me cayesen del todo bien o que me irritasen fácilmente. La vida era bastante más sencilla si uno sabía que tenía un colchón en el que apoyarse cuando todo parecía demasiado para sobrellevarlo.

— ¡Amor!

Derek giró la cabeza hacia mí en cuanto hube gritado. Una sonrisa se formó en sus labios puesto que no estaba demasiado acostumbrado a que le llamase de esa manera.

— ¿Crees que estaría bien con el pelo más oscuro y este corte?

— Sé que estarías tan hermosa como siempre y no podría evitar mirarte embelesado.

Reí sonrojándome por completo y negué puesto que mi cabeza era capaz de asimilar algo como eso. ¿Yo? ¿Hermosa? Sin embargo, me permití disfrutar de esos cincos segundos de subida de autoestima, porque lo necesitaba, porque lo quería, y porque no pasaba nada si los cumplidos de mi novio eran iguales que un abrazo intenso al corazón para darle nuevas fuerzas y alas.

Quería descansar un poco de tanto pensamiento, así que me levanté y fui a poner música. Había tantos soundtracks guardados en esa memoria para intentar inspirarme al igual que tráilers en reproducciones en bucle para determinados momentos de mis historias. Me daban un soplo de vida, era magnífico lo que podía hacer el compás correcto en el momento correcto o la canción que le asignases a la personalidad de alguno de tus personajes para ayudarte a meterte en su mente y así, en lo posible, responder más acorde a la personalidad de cada uno de ellos y de esa atmósfera creada.

Al ver de reojo los libros de Grey y Más oscuro, aquellos que sabía que volvería a tener que leer en algún momento, puse el soundtrack de la última película notando como rápidamente mis caderas empezaban a moverse al ritmo de Capital Letters.

Me moví por el salón aguantándome la vergüenza igual que cuando soñaba que el mundo me adoraba cantando una canción con una voz que no era mía por el playback que hacía. Reí un poco por mi inocencia, por ser tan pequeña aún en el cuerpo de una mujer de más de treinta años, pero ¿qué importaba si eso parecía encantarle de mi forma de ser a aquel que tenía que soportarme todos los días?

Cuando volví a fijar mis ojos en la puerta del estudio, Derek estaba apoyado en el marco de la puerta, tenía un paño blanco que estaba intentando quitar los restos de pintura de sus dedos mientras su sonrisa, con aquellos hoyuelos que parecían imanes mostrándose, esa expresión de disfrute y ligera maldad asomando por una de sus comisuras. Puso el paño sobre su hombro tan solo cubierto por un tirante ancho. Debía estar completamente prohibido que llevase ese tipo de camisetas, de hecho que se quitase la ropa. Tenía que ir igual que en el más crudo de los inviernos y sabía que aún así estaría completamente irresistible.

— No te rías de mí —dije señalándole con el dedo sin dejar de bailar.

— Créeme si te digo que no lo hago —levantó sus manos con algunas manchas de pintura en señal de defensa—. Solamente estoy disfrutando del espectáculo, señorita.

El sonrojo se instauró de nuevo en mis mejillas y reí esperando poder esconderme en alguna parte parando.

— ¡No, no, no! Por favor, sigue… mira yo también bailaré.

Elevó los brazos y bailó casi como en la discoteca cuando no hay espacio suficiente para mover un músculo. Reí observándole porque aún bailando así estaba tan malditamente adorable que daban ganas de correr a sus brazos para comerle a besos.

Le imité antes de estallar los dos en carcajadas por aquel movimiento tan antiestético. Él se acercó tomándome de la cintura y apretándome contra su pecho antes de besarme los labios de esa forma que sabes que ambas almas están haciendo un juramento para no separarse jamás.

Me tomó en brazos y dimos vueltas provocando aún más risas antes de que nuestros ojos se volviesen a encontrar con ese deseo latente, creciendo poco a poco en nuestro interior. Negué bajándome de sus brazos y besé sonoramente su mejilla.

— Vuelva al trabajo, señor Vance…

Tomó mi rostro entre sus manos y besó nuevamente mis labios antes de atrapar mi labio inferior entre sus dientes.

— No me distraiga entonces, señorita Mijáilova —susurró con voz ronca.

La facilidad de Derek para excitarse era sorprendente, casi como la mía. Si me tocaba o si… diantres, si hacía eso, atraparme el labio entre los dientes se despertaba un torrente de cosquillas intenso que navegaba por toda mi anatomía a placer hasta situarse en las partes más erógenas de mi cuerpo que pedían a gritos saciar ese apetito que había aparecido de repente, de él, solamente de él.

Tuve que contenerme y dejar que se fuese antes de soltar un profundo suspiro. No estaba acostumbrada a un cambio de emociones tan intenso, desde el estrés absoluto al deseo incontrolable, aunque era un buen método para acabar con la ansiedad de un plumazo pues había otra cosa en la que pensar, esos instintos animales lujuriosos despertados por solamente un beso.

— Si esa es tu forma de bailar… tendrás mucho que mejorar —comenté de repente.

— ¿Ah sí? ¿Y eso porqué? —preguntó divertido estando en el umbral de la puerta de su estudio.

— Para mí el prototipo máximo de la excitación y el erotismo es un hombre, el hombre que a mí me guste, bailándome y de referencia tienes a Michael Jackson… así que la cosa está complicada —bromeé encogiéndome de hombros.

Su sonrisa se amplió y un brillo diferente apareció en sus ojos antes de guiñarme uno de ellos.

— Bueno es saberlo…


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