2018 / Sep / 21

La vergüenza que había arrastrado durante todos esos años sin darme realmente cuenta había aparecido en mi cabeza de repente. ¿Qué era lo que siempre me echaba para atrás? La vergüenza y, principalmente, el temor a ser excluida de la sociedad por ser como era. Durante demasiado tiempo había estado escondiendo todo. Si había contado que tenía problemas de índole psicológica había sido básicamente para buscar ese afecto, esa llamada de atención frente a personas que necesitaba o que creía necesitar. Siempre lo había usado como algo malo, no había visto qué había más allá y si no recordaba mal, en la primera entrevista que había tenido cuando había entrado en el centro donde trabajaba Cecille, años atrás, había terminado aceptando que no me gustaba que me mirasen o mirasen a mi primo creyendo que tenía algún problema. La respuesta era bastante obvia: ¡estaba avergonzada e incómoda ante cualquier situación que explicase a cualquiera mínimamente mi problema! No me importaba usarlo como arma en algún momento, pero poco a poco se había vuelto un tabú que esconder y solamente sacar para obligar a los demás a alejarse de mí por «no ser normal».

¿Cómo demonios había podido permitirme que algo así se sintetizase en mi mente como parte de un comportamiento «normal»?

Observé a Derek que acababa de salir de la ducha y me lanzaba un beso antes de meterse en su estudio donde se perdería por horas y horas salvo que le sacase de allí, pero ahora mismo comenzaba a tener una verdadera tarea pendiente entre manos lejos de libros, lejos de cualquier situación que me distrajese. Era yo misma con un cuaderno delante. Debía terminar de ser sincera con todo aquello que había estado dejando para después. Debía permitirme pensar libremente y sobre ese hilo de pensamientos percatarme si estaba errada en muchos o no.

Enfermedad mental. Ese era el título que había puesto en la hoja. Ahora, solamente había que dejar que el cerebro pensase, fluyesen las ideas y pudiese llegar a terminar con un esguince en la muñeca porque no hubiese escrito tanto a mano desde la universidad.

Dejando atrás las definiciones exhaustivas de los libros donde cientos de mentes se habían dejado los sesos para lograr una única explicación sobre un concepto que podía tener miles de ellas, según desde el punto de vista desde el que se enfocase, mi conclusión con respecto a la enfermedad mental por experiencia pura era bastante más sencilla: una putada. 

Partiendo de la base que no es algo que se escoge igual que ninguna otra enfermedad, la mental va asociada a miles de situaciones que nos provocan rechazo hasta en primera persona. Un individuo con problemas de la salud mental intentará negar hasta la saciedad que existe un problema, entrará en una de las fases que se convertirá en un bucle puesto que la negación puede durar años o, incluso, no desaparecer nunca por muchas terapias que se realicen.

¿Qué es lo que asusta tanto de tener una enfermedad mental? Da la sensación, en múltiples ocasiones, que preferirían tener cualquier otro diagnóstico mucho más mortal y peligroso para sus vidas. De hecho, yo misma me había echado en cara no tener alguna otra cosa. ¿Qué es lo que tira tanto para atrás? Básicamente, que la enfermedad mental es como la lepra de hoy en día. 

El ser humano es un ser social, busca (erróneamente) la aceptación del exterior antes que la propia y en los años que estamos viviendo el «postureo», hacer creer a otros que tienes una vida que no tienes, parece ser la base de la felicidad volviéndose uno completamente adicto a los me gusta en todas las redes sociales de una vida que no se está viviendo, casi con la esperanza de que cuantos más corazoncitos tengamos podremos llegar a frotar la lámpara de Aladdin para que el genio nos conceda ese simple deseo: ser quienes no somos. 

Dejamos a un lado la aceptación en primera persona. No nos importa si nos queremos mucho, poco o regular. Damos más importancia a cómo nos ven los demás, y por eso me lleva a pensar: ¿cómo se ve la salud mental desde fuera? 

Si nos ponemos en la situación de alguien, teóricamente sin problema mental alguno, que no tiene contacto alguno con ese mundo para conocerlo en mayor profundidad, no hay adicciones de ninguna clase a su alrededor y vive una situación técnicamente sana, sin abusos en el colegio ni nada parecido. ¿Cuál es el primer contacto que puede tener con este u otro ámbito de la vida que le sea completamente ajeno sin forma alguna de acceder a él por una vía más directa? La televisión, la prensa, la literatura… 

Veamos durante una jornada las noticias. Leámoslas en el periódico. Analicémoslas después. En la mayoría de los sucesos que tengan algo que ver con la Salud Mental, encontraremos una frase parecida a «se sospecha que podría tener algún tipo de trastorno mental». Ahora, comprobemos de qué van esos acontecimientos, qué temas principales son los que se abordan en ellos: violencia, muerte, hurtos, robos, accidentes… Sucesos bastante traumáticos. Van acompañados con esa coletilla de la sospecha o no sospecha de problemas mentales básicamente por ser un proceso judicial en el que deben dictaminar si sufre o no sufre algún trastorno el acusado; o, por el contrario, en aquel momento tuvo una enajenación que le impidió pensar en otra solución que no llevase a esas situaciones. ¿Por qué? Básicamente porque un problema de salud mental puede llegar a ser un atenuante en un juicio, una base en que los abogados del acusado pueden construir su defensa.

¿En realidad el ser humano se queda con esa información? La característica más común al leer algo, suele ser el análisis final de cada individuo con respecto a lo que ha leído y gran parte de la parrafada antes escrita no suele venir en la noticia, así que es simple, el ser humano se queda con una asociación clara: enfermedad mental es sinónimo de peligro.

Vayámonos después a otra de las propuestas. No suele ser muy usual que una persona recurra a los libros de autoayuda para intentar comprender mejor cómo funciona el ser humano o leer libros por placer de Psicología, cuando la mayoría tampoco escoge libros de matemáticas, explicaciones históricas… aplaudo a quienes les gusten esos géneros y los incluyan dentro de sus lecturas habituales, pero si vemos los índices de ventas, la ficción suele llevarse la gran mayoría de los lectores a nivel mundial. 

Si ahora observamos los libros o las series más vistas, generalmente nos encontramos con temas considerados morbosos dentro de los cuales los crímenes es una parte bastante explotada en esas historias. No se aleja de la vida real algunos sucesos, sí, puede ser. Pero si, por ejemplo, vemos una película cualquiera de esas que ponen en la sobremesa, después de comer, para intentar entretenernos aunque sean malísimas la mayoría, podemos observar que no se salva ninguna en la que el malo o mala de la historia tenga un problema mental o sea un psicópata de manual con sus cuadernos oscuros de pensamientos inconexos y casi adoradores de la misma muerte. 

Volvamos al punto inicial. Si esta persona, completamente ajena a todo este mundo, tiene esas únicas referencias con respecto a la salud mental, ¿qué puede uno pensar que creerán? ¿Qué imagen se puede tener de la enfermedad mental con esa presentación a la sociedad? Peligro a escala superlativa y miedo a que en cualquier momento esas personas puedan volverse psicópatas (sea lo que sea el término porque dudo que haya una gran mayoría de la población que pueda definirlo) o asesinos en cualquier momento que se obsesionen con uno, le hagan vivir su propia película de terror y terminen encerrados en un manicomio con esas camisas de fuerza que les evitarán volver a intentar nada. ¿Acaso soy la única que tenía esa percepción de la enfermedad mental? ¿Cómo no entrar en la fase de negación en cuanto a alguien le dicen que tiene que ir a un psicólogo o un psiquiatra cuando en la sociedad son más popularmente denominados como loqueros y objeto de burla por tener que ir a una consulta? 

Ahí tenemos una gran explicación. El ser humano se burla sistemáticamente de todo lo que es diferente. Por alguna absurda razón buscamos la aceptación siendo completamente iguales, sin nada que nos distinga, sin libertad, caminando como borregos hacia las mismas modas, sin aceptar que algo nos puede gustar y a los demás no (dentro de nuestro círculo social) y por eso no tiene porqué ser precisamente algo malo o un objeto de burla. Si no existe en la sociedad la propia aceptación de la individualidad y el concepto de que cada ser es diferente y único sin ir acompañado de las risas o el rechazo sistemático, ¿cómo queremos que una persona con problemas de salud mental pueda aceptar sin miedo que tiene dificultades y que es «diferente»? 

Diferente es la palabra que más parece asustar a toda la humanidad.


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