2018 / Sep / 19

Amar es un sentimiento difícil de explicar. ¿Eres amado? ¿Es amar lo que llena el alma sin ningún tipo de respuesta? Tenía gracia comprobar cómo ideas que se consideraban tan claras iban cambiando su enfoque con el paso del tiempo llegando incluso a plantearlas desde el punto de vista del escéptico, del creyente, del puritano, del soñador, buscando respuestas en otras personas a cuestiones que estabas convencido que solamente tú poseías la solución que iba a terminar satisfaciendo todos los deseos. De todos modos había algo masoquista en esa búsqueda de respuestas que parecían imposibles de ser finalmente encontradas sin que terminase uno volviendo a plantearse la posibilidad de que esa respuesta no fuese lo suficientemente satisfactoria, era la búsqueda eterna, una entrega a la aceptación de que nada era inamovible ni podía volver a verse de ninguna otra manera.

No sabía si el resto de las personas llegaban a tener estos intensos debates que tenía conmigo misma sobre diferentes cuestiones fácilmente respondibles de forma automática, pero sin una real contestación tan simple cuando se pensaba en ellos con profundidad. De hecho, muchas veces había creído que era extraña por plantearme cuestiones que en ocasiones se escapaban de mi propio conocimiento básico sobre muchos temas. Aun así sentirme rara, creer que era diferente al resto de la población tampoco era algo tan dispar en mí. Siempre me había considerado una especie a parte.

Acabábamos de hacer el amor y ya volvía a estar otra vez en las nubes. ¿Qué poderes extraños tenía Derek? Después de la pasión no había rechazo, ni dolor, ni temor, ni nada por el estilo, solamente había una puerta abierta, en par en par, para ser esa Kyra cariñosa que era de pequeña, para permitirme sentir por completo. Estaba feliz, siempre lo estaba cuando él me estrechaba entre sus brazos, casi un estado perpetuo que no sabía valorar en realidad y que echaría de menos cuando no existiese, cuando se hubiese disipado, se hubiese vencido…

Había como un contrato silencioso entre mi forma de comportarme y lo que creía merecer. Siempre recurriendo a lo peor, a lo más doloroso para mantenerme en esa existencia miserable. No obstante, Derek se alejaba de todo eso y no me perdonaría si lo terminaba corrompiendo.

Me giré observando sus ojos que me miraban como siempre lo hacían, con esa mezcla de veneración, de amor y locura propia de él, solamente de él. ¿Quién en su sano juicio podría terminar sucumbiendo a una mujer con tantos problemas como yo?

— ¿Qué piensas? Cuando se te frunce el ceño es que hay algo que no anda del todo bien —murmuró antes de inclinarse hacia mí para robarme un pequeño beso.

Negué creyendo que lo mejor que podía hacer era mantenerle lejos de todos esos pensamientos completamente suicidas, aquellos que terminarían rompiendo la estructura de todo lo que habíamos logrado edificar igual que las termitas acababan debilitando la estructura de madera haciendo que pareciese estar bien, íntegra, pero que si la tocabas, si tenía más peso que el de la propia gravedad actuando sobre sí misma, se volvería polvo.

Suspiré profundamente antes de darle un beso en los labios.

— Pensaba en cómo podría continuar ese libro…

— ¿Yo estaré en él?

La pregunta hizo que soltase una pequeña carcajada, pero jamás había pensado plantearlo con ese esquema, siempre habría creído que lo mejor era centrarme en ese pasado para luego dejar al personaje evolucionar. No obstante, podía tener más sentido incluir todo, absolutamente todo, sin restricciones de ninguna clase.

— Si es un libro sobre mi vida… tendrías que estar entre sus páginas.

— Me odiará todo el que lo lea —contestó tan rápidamente que parecía tenerlo tan claro como el agua.

— Uno, presupones que alguien lo leerá y dos, ¿quién podría llegar a odiarte, Derek? —volví a negar antes de besar sus labios y levantarme del suelo de su estudio.

Él se quedó mirándome, observando cada pequeño gesto, cada movimiento de mi cuerpo y no pude evitar sonrojarme por instinto.

— Me miras como si fuese deseable…

— Es que ERES deseable, señorita Mijáilova. No necesitas intentar seducir, lo haces solamente con respirar —tiró ligeramente de mi falda para quitármela de entre los dedos.

Reí por ese juego y cuando me incliné un poco más para de esa forma mantenerla en mi poder, sus brazos cambiaron de estrategia y me atraparon por la cintura sentándome en sus piernas en un movimiento rápido, veloz, casi de un cazador que me dio un pequeño susto y provocó mis risas. Me sentó en su regazo y me apretó contra su cuerpo con lo que parecía no tener intención alguna de dejarme escapar.

— Eres un bobo —susurré y le di una pequeña mordida a su mejilla sin hacerle ningún tipo de daño.

— Y tú una diosa… —me volvió a tumbar en el suelo y se puso sobre mí parando mis risas a besos que poco a poco me daban esa razón que necesitaba para seguir adelante, para seguir caminando, luchando, existiendo, viviendo. A veces, en la vida, cuando uno no tiene fuerzas solamente necesita que alguien les entregue un poco de su amor, de su tiempo, de su energía y se vuelve a vislumbrar esa luz que creíamos que no se volvería a ver.

— Tienes que trabajar… —musité jadeante entre besos costándome una fuerza tremenda dejar de besarle esos segundos.

— Con mucho gusto…

La picardía se veía por todo su rostro y reí mientras bajaba dando besos por mi cuerpo por encima de la ropa. Era completamente incorregible y no quería que parase ni que cambiase, pero no podíamos vivir solamente de estar entre los brazos del otro, teníamos ambos que trabajar, yo si quería ser algo finalmente en la vida y él continuando con esa muestra de arte único y especial que solamente él podía entregarle al mundo.

— ¡Derek, con el cuadro no conmigo! —volví a reír intentando evitar que siguiese bajando por mi cuerpo con aquella boca pecaminosa.

Resopló y volvió a elevar su mirada hasta mis ojos, situándose a mi altura. Me robó un beso y suspiró como si le costase la vida decir aquellas palabras:

— Entonces salga de aquí, señorita Mijáilova o me temo que volveremos a terminar entre gemidos.

Sonrojada y conteniendo la risa tonta que me había entrado por una razón desconocida, me levanté del suelo aprovechando que me dejaba escapar antes de observar cómo intentaba relajarse pues había vuelto a desearme con demasiada ferviente necesidad.


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