2018 / Sep / 15

«Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. 

Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, promesas, comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío. 

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas… Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma… Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tú también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida. 

Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de la distancia, y que no importa que es lo que tienes, sino a quién tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir. 

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian. Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar de su compañía. 

Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que las veamos. 

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tiene la influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. 

Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queremos imitarlos para mejorar. 

Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto. Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve… 

Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados. 

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias. 

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. 

Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos. 

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones. 

Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque estarás quitándole la esperanza. 

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da derecho a ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo. 

No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo. 

Aprenderás que con la misma severidad con la que juzgas, también serás juzgado y en algún momento, condenado. Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles. 

Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. 

Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más. 

¡Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla!». 

Aquella carta de William Shakespeare jamás había llegado a mis oídos. La verdad en sus palabras helaba la sangre. La forma en la que su texto servía para tantas personas era asombroso a pesar de las generaciones que había entre ambos.  

Me sentí inferior a pesar de decir él mismo que solamente había que compararse con otros para mejorar y su enseñanza se escapaba de todo lo que yo pudiese hacer. No obstante, podía ser una manera perfecta de afrontar las verdades de la vida.  

Unos la tachaban de pesimista. A mis ojos no era pesimismo lo que él expresaba, sino que una completa y absoluta lección de vida. Uno tenía tan solo dos opciones en la vida: podía quedarse agazapado en el suelo dejando que todo el mundo le pisotease por placer y por maldad pura; o levantarse, por mucho que doliesen las heridas y seguir adelante demostrando que nadie es más que uno ni uno más que nadie.  

Aquellas frases dieron muchas vueltas en mi mente. Tanta verdad en un solo mensaje. Una de las cosas que pasaron por mi cabeza fue intentar tenerlas en alguna parte para recordarlas, para tenerlas siempre en mente. El problema, es que no sabía en qué parte de la casa podría llegar a colgarlas. Además, había sobre todo otra idea en mi interior. No tenía que esconder lo que estaba escribiendo, debía dejar a Derek leerlo que me comprendiese que viese hasta qué punto estaba dispuesta a realizar algo para dar ese paso hacia delante que no me dejase volver a dar pasos atrás. Quería hacer y no simplemente montar castillos en el aire.  

Miré mi carpeta, aquella en la que había ya un montón de folios escritos de los que tan solo me había permitido leer dos. No podía rendirme de nuevo, no por mucho que me costase.


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