2018 / Sep / 15

Las conductas evasivas eran parte de un aprendizaje. Si el cerebro terminaba aceptando, a menudo de manera equivocada, que la evitación era la salvación para no sentir más dolor en ningún momento, no se podía negar que sería el método utilizada para los momentos de estrés o no tener que enfrentarse a esas situaciones incómodas que uno terminaba orquestando en su cabeza cuando podrían ser completamente diferentes a la realidad que se diese.

El miedo podía ser tal que terminase paralizando la evolución de una persona porque fuese incapaz de echarse a volar. No había razón para creer que los miedos no podían superarse, pero había que ser plenamente consciente de ellos, del paso que se daba, de la decisión que se tomaba y porqué se hacía. Por eso me había quedado allí. Por eso había ido corriendo a los brazos de Derek. Por eso, aquel miedo, aquel pánico a que no me amase de verdad, por mucho que hubiese penetrado en mi mente había decidido dejarlo a un lado para hablar de lo que ocurría en algún momento.

Si era sincera conmigo misma jamás había hecho eso en mis relaciones. Siempre había construido un muro o había obviado las preguntas que querían salir. Durante las discusiones había sido hiriente, tiránica y letal; pero todo el daño que hacía me lo infringía también a mí misma. Las puñaladas sentimentales que había asestado, habían terminado en mi mismo cuerpo sin que el cuchillo cambiase las manos que lo empuñaban.

En muchas situaciones aún debía madurar. Era como un niño pequeño que empezaba a crecer, que empezaba a caminar, a aprender y por eso, en muchas situaciones, para mí era o blanco o negro, no veía otras posibilidades y era ahora cuando estaba comenzando a descubrir que para mí también había una amplia escala de grises en mitad del abanico.

— ¿Qué ocurre? —mi pregunta había salido con un hilo de voz, tímida, temerosa de que pudiese provocar algo peor.

— No quiero hablar de eso —musitó Derek antes de sentarse en el sofá mirando su obra con desgana, como si no quisiese ponerse a pintar aunque los plazos no le daban mucho tiempo para descansar.

— Pero, ¿ocurre algo? —pregunté esperando que eso, por lo menos, no me lo negase.

— No, no ocurre absolutamente nada, Kyra. Solo… quiero tranquilidad. Eso es todo.

Había visto antes esa negativa a hablar. No quería regresar a lo mismo y generalmente siempre había reaccionado pataleando, gritando y lanzando cuchillos envenenados para empeorar aún más la situación.

Intenté pensar en lo que él podría estar pensando, intentando adivinar qué podía haber cruzado su mente. Me quité los zapatos y los tiré dentro de la habitación antes de caminar poco a poco hacia él. Deseaba que se quedase en el sofá, que no se moviese, que no pusiese barreras y si las había puesto que me dejase romperlas para mejorar aquella horrible situación. Quizá otros sí estuviesen de acuerdo en dejar crecer algo así, pero yo no… no tenía intención de aceptar el principio del final.

Me senté en sus piernas y a pesar de que sus pulmones dejaron escapar violentamente todo el aire que tenían por su boca, sus brazos me rodearon provocando una ligera sonrisa en mí. Era una de las primeras veces en mi vida que daba un primer paso, pero jamás había sido tan directo para una reconciliación o una búsqueda de tranquilidad en el otro logrando la mía propia. No saber lo que pensaba la gente que me importaba me causaba mucha ansiedad.

— No he hablado con él, se presentó de repente y entró porque pensé que eras tú. Nada más.

Sus ojos miraron hacia otro lado, no querían observarme como siempre lo hacían y tomé su rostro obligándole a mirarme al menos un segundo.

— Derek, por favor… ¿realmente crees que podría querer tener a ese ser en mi vida de nuevo?

— Pero estaba aquí…

— ¡Y te mostré el mensaje! —cerré mis ojos y apoyé mi frente contra la suya intentando no alterarme demasiado—. No sé si ese mensaje era suyo o no, sea como fuere ha sido él quien me ha encontrado y yo no me he puesto en contacto con él. Ni me interesa hacerlo.

Apretó sus párpados y supliqué internamente porque pudiese ver la verdad en mis palabras. ¿Para qué iba a mentirle en esto? Gerault había llegado para trastocar esa mínima felicidad y seguramente, ese ser le habría dicho otras cosas a Derek que parecían costarle menos creer que aquello que yo le estaba diciendo.

Los segundos fueron eternos hasta que sus ojos volvieron a abrirse para mirar fijamente los míos.

— Creía que a mis espaldas habías estado hablando con ese idiota, como si le necesitases de nuevo en tu vida. Y…

— … no te sentiste suficiente…

Entonces lo comprendí. Él también tenía las mismas sensaciones que yo misma. Cada vez que creía hacer algo mal, que sentía que fallaba al mundo, consideraba que no era suficiente, que todo el mundo necesitaba a más que a mí. Ninguno de los dos comprendía que podíamos necesitar más cosas que al otro sin que eso significase que no amábamos lo suficiente al otro, que no dábamos bastante, que éramos un segundo plato.

Cuando a uno le pisotean la autoestima, cuando le denigran y pisotean esa era una de las temidas consecuencias. Sentirse un ser inferior, un ser de una categoría distinta, menos valiosa, como si el mundo entero fuese diamante y tan solo uno mismo una circonita barata que podría cualquiera distinguir con una sola mirada.

Asintió por lo que había dicho y besé sus labios suavemente buscando calmar ese dolor que yo misma padecía.

— Para mí eres más que suficiente, Derek. Eres todo lo que quería en mi vida. Todo lo que dejé de buscar porque no existía, o eso creía.

Quizá en algo tuviese razón el profesor: las almas dañadas, oscuras, se atraen las unas a las otras. Pero hay dos posibles propósitos, la búsqueda de la unión de ambas en una relación tormentosa o la búsqueda de la cura para las heridas del otro. Hasta el momento había buscado la segunda alternativa, pero había funcionado en pos de la primera. ¿Podría invertir mi forma de ser y lograr mi verdadero propósito con Derek?


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