2018 / Sep / 15

Huir formaba parte de mi manera de funcionar. Ese comportamiento tan automático que buscaba, en lo posible, evitarme dolor de alguna forma. Sin embargo, la huida, en ocasiones, solía significar mucho más que una evitación de dolor o ansiedad. Podía ser bastante más, mucho más. Cuando dejaba a un lado actividades que me atraían siempre sufría de alguna forma por no poder realizarlas, por abandonar todo lo que en algún momento pudo gustarme porque huir parecía la única opción viable.

Quería volver a escapar, pero ¿podría alejarme de todo lo ocurrido? Lo dudaba considerablemente. ¿Quién de todas esas personas que decían quererme podrían dejarme marchar aunque fuese lo que más necesitaba en el mundo? Gerault me había perseguido hasta allí, Derek se había venido conmigo por una necesidad que había nacido en su interior y si la única razón existente para que se marchase de mi lado significaba asegurarle que no le necesitaba y no volvería a necesitarle nunca más, no sabía si podría hacerlo. Mi familia… mi familia tampoco me dejaría marchar. Mis padres seguían siendo mis padres ocurriese lo que ocurriese, les gustase o no y, además, yo misma no podía permitirme perder a los demás por mucho que una parte de mí lo desease para pisar mi cabeza contra el fango y ahogarme en la desesperación.

Me estiré ligeramente en la búsqueda de encontrar algo de placer en desentumecer mis extremidades y mis articulaciones. El dolor solía ir por dentro como un pequeño veneno que se acumulaba despacio, gota a gota, hasta que terminaba turbando la escasa paz que se consiguiese. Por ese motivo los sucesos de la noche pasada llegaron a mi mente como un golpe en la parte más sensible de mi anatomía. Me sentía desdichada y triste mientras la única esperanza que crecía en mi interior no era otra que la huida sin dejar nota a nadie, sin explicar nada a nadie, buscando una libertad que como bien hubiese dicho Verdoux, encontraba tan solo cortándome las alas aunque me atase a lo que más deseaba quedarme.

Me negué a mí misma la posibilidad de admitir el dolor con simpleza, pero tampoco podía hacerle eso a Derek. Romper la relación era una cosa, desaparecer como si jamás hubiese existido era otra diferente, muy diferente.

Me trajeron el desayuno antes de darme el alta. Habían llamado a mi psiquiatra, aquella que me había llevado durante años en mi tratamiento y me hizo unas preguntas, sin embargo, me negué a la posibilidad de tomarme más medicación y ella sonrió al ver que tenía ganas de seguir adelante sin tantas muletas que me habían permitido ponerme de pie todo el proceso.

Cuando salí del hospital, pude ver a Derek fuera, esperándome y a Gerault a unos metros de él. Mis ojos se posaron en cada uno y en el instante que Gerault hizo un ademán por acercarse a mí negué varias veces.

— Por favor… déjame tranquila.

Los brazos de Derek me rodearon a pesar de que su mirada había cambiado, no sabía en qué, pero era diferente. Algo había nacido en él, algo diferente a lo que había conocido siempre. Nunca me había ocultado nada, tampoco me había devuelto nada a parte de ese destello de enamorado, pero éste, parecía haberse apagado por completo. Mi pecho sintió una opresión, esa que me hubiese evitado si hubiese huido y tomé el rostro de Derek entre mis manos temerosa de haber hecho algo que le hubiese arrebatado todo el amor que me tenía de golpe.

Sus manos envolvieron mis muñecas con suavidad mostrándome sus nudillos aún rojos con costras pues le habían sangrado al golpear aquel pedazo de hormigón que parecía Gerault. Acaricié suavemente sus mejillas con mis pulgares y las apartó muy delicadamente de su rostro. Les dio un beso a cada una intento que fuese menos doloroso ese movimiento y nos fuimos en el taxi que había estado esperando mi salida.

El viaje al apartamento fue horriblemente angustioso. Todo fue silencio. No había nada más. Nuestras manos no se tocaban y me sentía igual que con Verdoux, temerosa de hacer algo que no fuese bien recibido por él. ¿Por qué todo tenía que cambiar tan deprisa? ¿Qué había hecho para provocar su desprecio de esa forma?

Mordí mi labio inferior mirando por la ventanilla y quise ser cualquiera de las personas que veía en ese momento en la calle. Deseé tener amistades a quien contarle lo que estaba ocurriéndome. Solamente, no sentirme sola. ¿Por qué era tan importante para mí tener a alguien si jamás lo había tenido? Quizá por eso. Quizá porque había saboreado durante muchísimo tiempo la soledad más absoluta en la que todo sentimiento tenía que ser escondido bajo la almohada.

Me bajé del taxi y me quedé sintiendo el viento que empezaba a ser fresco arañando mi piel igual que si se tratase de cuchillas. Derek había seguido hacia delante, hacia la puerta para abrirla, pero yo tan solo le observé. Nada más que le observé. Algo se había vuelto oscuro entre nosotros y mi instinto me gritaba que saliese corriendo ahora que no me veía mientras las lágrimas se deslizasen por mis mejillas por permitirme perder de nuevo algo más, algo diferente.

Justo en el momento que mi pie izquierdo se deslizó unos centímetros hacia atrás, Derek se dio la vuelta. Me contempló de esa forma en la que podía leer su propio dolor. Mi corazón palpitaba dolorosamente y mis labios se entreabrieron para pronunciar una sola palabra, pero se atascó en mi garganta cuando de su boca escapó una pregunta llena de resentimiento.

— ¿Te vas a ir? ¿Volverás a irte?

Casi podía ver las lágrimas desde la distancia. Sorbió su nariz antes de secarse las lágrimas con rabia por estar llorando, porque yo lo estuviese viendo, o por la situación, por ese momento.

— ¿Te volverás a ir, Kyra? —volvió a preguntar sin tan siquiera mirarme a la cara.

En ese momento sentí una gran opresión en mi pecho, demasiado intensa como para ser controlada, demasiado dolorosa como para ser obviada. Negué varias veces y en lugar de escapar corriendo, corrí hacia él que me recibió en sus brazos apretándome contra él temeroso de que cambiase de idea en cualquier momento.

— Quiero quedarme contigo… —suspiré contra su cuello logrando tan solo como respuesta otro apretón y solamente hasta que ambos creímos que habíamos pasado el suficiente frío, nos metimos dentro de su apartamento.


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