2018 / Sep / 14

— Kyra… ¿por qué? ¿Por qué eres así? ¿Por qué juegas de esta manera?

Le miré sin comprender nada y con deseos de gritarle en la cara que se marchase de mi hogar, aunque lo que más temía era que apareciese Derek allí porque sabía que no se lo pensaría ni dos veces antes de darle un puñetazo.

— Vete de aquí… —susurré.

— No voy a irme. Te vas, desapareces y piensas que voy a quedarme cruzado de brazos sin buscarte…

— ¿Por qué deberías hacerlo? No soy nada tuyo. Y ahora, vete de mi casa.

Gerault se pasó una mano por el rostro respirando algo agitado, como si tuviese cierta incomprensión, como si no entendiese porqué no celebraba que me hubiese encontrado. Jamás había pedido algo semejante, no quería volver a verle, no quería saber qué era lo que había hecho durante este tiempo, tenía que irse. Simplemente irse.

Se quitó la gabardina y observó el piso sin hacerme caso, igual que si no estuviese y él pudiese curiosear lo que desease.

— ¿Por qué lo elegiste a él? —preguntó de repente antes de girarse hacia mí.

Me estremecí de pies a cabeza porque había visto esa expresión antes. Podía leer el dolor, un dolor intenso en su rostro, pero que no llegaba a entender, que no resultaba lógico y temía que la pesadilla volviese a empezar aunque Douglas hubiese muerto.

— ¿No habéis tenido suficiente Tatiana, Smith, Ana y tú jugando conmigo igual que una muñeca? ¿No habéis hecho bastante daño ya? Dejadme en paz, casaros, tener hijos, montad una orgía o lo que os dé la gana, pero ¡dejadme vivir de una maldita vez! —grité con todas mis fuerzas terminando por desgarrarme la garganta.

Aquel grito había salido del interior de mi alma, una súplica porque se olvidasen de mí, para poder seguir adelante lejos, a miles de kilómetros los unos de los otros. Sin embargo, lo que no esperaba es que ese grito llegase a los oídos de Derek quien había corrido escaleras arriba y al llegar su primera mirada había sido para mí.

— ¿Estás bien…? —jadeaba aunque sabía de sobra que no era por la subida, sino por el temor que se habría deslizado por sus venas por mi propio bienestar.

Sus ojos entonces se encontraron con esa enorme masa que era Gerault. Apretó la mandíbula. No fue el único. Casi podía escuchar la manera en la que los huesos de ambos se quejaban cuando transformaban sus manos en puños.

— Vete ahora mismo de mi casa, cabronazo —la voz de Derek sonó increíblemente amenazante.

Gerault soltó una carcajada, mirándole casi igual que si fuese un niño intentando enfrentarse contra un gigante. Entonces, pasó lo inevitable. Derek estampó su puño en el rostro de Gerault quien profirió un improperio. Respondió el golpe, pero Derek paró su brazo antes de que impactase contra su cara. Sonrió ligeramente y volvió a golpear ahora en el estómago de aquella masa incontrolable de músculos.

Temía que Gerault le pegase dado que el tamaño de sus músculos era considerable. Lo que no entendía, en ningún momento, era la razón por la que había que llegar a las manos. Mi mente pareció reaccionar viendo cada golpe, escuchando el sonido de la anatomía de uno chocando contra la del otro buscando hacerse el mayor daño posible y cogí el móvil para llamar a la policía. Gracias al cielo habían puesto las llamadas de emergencias ni necesidad de tener que desbloquear el teléfono y tan torpemente como fui capaz expliqué lo que estaba sucediendo. Estaba alterada, muchísimo y me recordó al momento en que yo misma había tenido que llamar a emergencias cuando mi abuela había dejado de respirar.

Las lágrimas empezaron a brotar sin que pudiese o quisiese detenerlas. En aquel entonces suplicaba a mi abuela que se quedase conmigo, que no muriese y ahora, ahora tenía a dos hombres que podrían matarse a golpes. Mi móvil cayó de mi mano y fui hasta ellos igual que si Wonder Woman me hubiese insuflado sus poderes y me creyese capaz de poder detener a dos hombres que habían perdido por completo el control de su ser.

— ¡Basta! —grité intentando separarles, pero recibí un golpe que me tiró al suelo.

— ¡Vete o te harás daño! —me dijeron ambos casi a la vez.

Sentí algo tibio descendiendo hasta mi boca. El golpe me había impactado en toda la nariz, pero sabía que se terminaría cortando la hemorragia dado que era de sangrado fácil por la nariz gracias a las vegetaciones que había tenido desde pequeña y que me habían hecho hurgarme con intención de respirar mejor, sí había tenido esa feísima costumbre.

La pelea entre ellos era brutal. No importaba que sus nudillos se tornasen rojos por los golpes o que empezasen a despellejarse. No importaba que uno embistiese como un toro al otro llevándole hasta la pared para ocasionarle dolor en la espalda. Daba igual si se partía una ceja o si sonaba algo parecido a un esguince o una luxación. Lo que realmente tenía relevancia era demostrar quién era el macho alfa, quién podía acercarse a la chica.

La policía no tardó demasiado en llegar. Necesitaron varios agentes para separarlos a ambos. A mí me empezaron a curar los sanitarios, pero les aseguré que estaba bien. Ellos, en cambio, seguramente tendrían algo roto, lo que fuese. Observé a ambos, sus rostros crispados por la ira y la manera en la que casi no podían ver bien, uno por un ojo morado que empezaba a hincharse y el otro porque la ceja cortada emanaba tanta sangre que no le permitía ver.

Se los llevaron a ambos. Me quisieron llevar a mí también con ellos y accedí. No quería quedarme sola después de esa noche y como parecía estar en shock o a punto de un ataque de ansiedad, decidieron darme una pastilla y mantenerme en observación además de asegurarse que no tenía la nariz rota.

Esa noche la pasé en el hospital. No dejaron a ninguno de los dos que me viese. Pedí explícitamente eso. No sabía si podría vivir con violencia en mi vida, o puede que no quisiese analizar lo que había pasado por el momento. Me obligué a mantener la mente en blanco, completamente en blanco hasta que el calmante hizo su efecto y caí en un sueño profundo.


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