2018 / Sep / 14

El recuerdo completamente involuntario de Douglas provocó que se me revolviese el estómago con una rapidez inusitada. Me negué a mí misma esa posibilidad dado que había muerto hacía tiempo. Yo misma había visto cómo había caído delante de mí y había escuchado a la perfección cuando me habían asegurado que estaba muerto, que no había posibilidad de que reviviese salvo que fuese un ejemplo clarísimo de la resurrección y estarían tan ocupados estudiándole que sería imposible que se acercase a mí mínimamente.

Respiré aliviada cuando me obligué a recordar todo esto. Evidentemente debía ser otra persona, por lo que debía relajar mi ritmo cardíaco que había empezado a volverse absolutamente loco. Cerré mis ojos para ello y terminé negándome a responder más. Bloqueé ese teléfono dado que no sabía quien era y finalmente, me volví a sentar en la mesa con Derek mirándome fijamente.

— Has pedido por completo el color del rostro. ¿Qué es lo que está pasando, Kyra?

No vi porqué escondérselo así que me levanté y me senté en sus piernas para darle el teléfono. Miró atentamente la pantalla mientras su ceño se fruncía por instinto natural. Di un pequeño beso a su mejilla y como acto reflejo me apretó contra su cuerpo.

— ¿Estás segura de que no sabes quién es?

Negué inmediatamente antes de apoyar mi cabeza en su hombro aspirando su aroma. Tomé su mano y jugueteé con sus dedos mientras me encogía de hombros un poco.

— No tengo ni la más mínima idea. No sé quién se supone que es esa persona. Pero el único que se puso en contacto conmigo así fue… Ya lo sabes —musité soltando un profundo suspiro.

— Por suerte sabemos que no puede ser él, pero… ¿quién?

— ¿Alguna persona que me odie o alguien que me tenga aprecio? Sea lo que sea me da bastante miedo ir.

— ¡No debes hacerlo! ¡Para nada! —al ver lo que se había alterado, Derek soltó un suspiro y besó mi frente—. Por favor, no vayas… No quiero que tengas que volver a pasar por algo semejante.

— No te preocupes, no tenía planeado ir a meterme en la boca del lobo. Por mucho que el hombre sea el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, no quiero meterme en más líos…

Esa noche no dormiría. Lo sabía. Mi mente ya había entrado en modo detective intentando descubrir sin nadie que me lo pudiese confirmar, quién se suponía que era esa persona. A menudo, comparaba esa parte de mi vida, ese intento por responder preguntas de las que me era imposible tener una respuesta clara pues no dependían de mí, con las grandes preguntas que parecían atormentar a los filósofos. No sabía si había tanto quebradero de cabeza en sus mentes en un intento por responderlas, pero sabía que era un completo sin vivir.

No podía evitar sentirme igual que en un examen, un concurso o algo parecido y si me confundía todo el mundo se reiría, me señalarían y volvería a ser el hazmerreír de todo el mundo. Por lo tanto, ¿quién estaba detrás de mí ahora?

Ni tan siquiera recordaba cuándo había conseguido quedarme dormida. Derek me había dejado una nota sobre la mesilla en la que podía leer sin problemas que había tenido que salir para cerrar un nuevo trato en el que le pedirían algunos otros cuadros o incluso alguna escultura, no solía animarse demasiado a ellas, pero a mí me encantaba verle con el ceño fruncido intentando crear algo novedoso, diferente, sin perder su propio estilo personal. 

Me estiré en la cama, cogí mi teléfono móvil y borré esa condenada conversación que no había borrado todavía. Era un día nuevo. Debía olvidarme por completo de ese anónimo que había intentado contactar conmigo. Ya era demasiado tarde para todas las personas de mi pasado. Demasiado tarde.

Tendría un día tranquilo. Imaginaba que intentaría pasar el tiempo, en lo posible, escribiendo o, al menos, mejorando lo que yo llamaba escritura. Un patetismo nivel extremo que no podría llegar a compararse nunca con los verdaderos genios de las letras. ¿Por qué iba yo a compararme conmigo misma para comprobar mi evolución y progreso si podía tener como espejo a los grandes para sentirme tan inferior como un bebé observando sus padres, tan altos, tan inalcanzables?

Mi ordenador se había vuelto esa herramienta indispensable que usaba absolutamente para todo. ¿Cómo negarme a ello cuando conseguía deslumbrarme con su luz y sus colorines? Un mundo lleno de estímulos mientras que el papel en blanco encima de la mesa podía volverse bastante más complicado de rellenar. Fuera como fuere el peligro del ordenador también estaba en esos excesivos estímulos. El silencio se hacía demasiado pesado y tenía que ponerme música de fondo para intentar que mis ideas no me llevasen por otros derroteros.

Behind the mask de Michael Jackson se había convertido en una pequeña obsesión en ese momento para mí. Era de las pocas canciones que lograban inspirarme, aunque no podían evitar que mi mente no se fuese por ahí, que perdiese la escasa concentración que era capaz de conseguir. Sabía que era como todo, uno debía entrenar esa parte de su ser. La concentración raramente venía por ciencia infusa sobretodo cuando tenía tantos pensamientos distintos en la cabeza y parecía el mundo moverse demasiado deprisa a mi alrededor.

El aporreo de la puerta llegó a mis oídos justo en el momento que la canción terminó. Pensé que sería Derek. Se habría olvidado la llave y había tenido que hacer más ruido debido a que no le había escuchado, seguro, debía ser eso. Sin embargo, esa parte de mí que me decía que no tenía que fiarme ni de mi sombra sopló en mi oreja clavándose en mi interior igual que un aguijón de una avispa que daña por puro placer y maldad.

Mi mano temblorosa cogió el pomo de la puerta. La abrí y un vivo retrato de mi pasado terminó golpeándome en la cara. Unas manos fuertes me agarraron los brazos antes de que pudiese intentar cerrar la puerta y sus ojos intensos, sorprendidos y rabiosos volvieron a posarse en mí. Allí estaba, Gerault dispuesto a matar la poca paz que había conseguido.


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