2018 / Sep / 11

La cursilería parecía el plato que comíamos Derek y yo. Cada uno intentaba, después de relaciones tormentosas, hacer lo posible por aceptar que el otro le ama, que realmente era así.

Aquel fin de semana no quería salir. Me había quedado acurrucada bajo las sábanas y él se había ido a su estudio. Nos pasábamos hablando gran parte del tiempo que compartíamos juntos, pero ambos teníamos que decidir qué ser, juntos y separados. No podíamos necesitarnos al otro como respirar, aunque se hacía bastante complicado que no fuese así.

Me levanté de la cama con el pelo hecho un cuadro. Me miré en el espejo maldiciendo el momento en que me lo había teñido, pero me hacía gracia que siempre que se revolvía parecía Goku de super-saiyan. Bola de dragón había sido la serie de televisión que más habíamos visto de pequeños, en parte porque era lo único que ponían más o menos decente y en parte, porque mi hermano estaba enganchadísimo a la trama.

Me peiné con facilidad y fui despacio hasta el estudio donde estaba Derek trabajando. Tenía una nueva obra en ese momento sobre el caballete. Me acerqué de puntillas en un intento por observarla aunque sabía que él no me lo impediría salvo que creyese que era una calamidad, bueno, algo que le pasaba bastante a menudo.

La música ambientaba el momento. Siempre trabajaba acompañado de ella y le entendía, a mí también me ayudaba a concentrarme y gracias a los acordes más graves no se escuchó el crujir de la madera bajo mi peso. Miré sobre su hombro y observé la obra que tenía en ese momento a medio hacer. Dos amantes, semidesnudos, luchando contra las ropas y besándose como si no hubiese un mañana. Era increíble el movimiento que se intuía, la pasión, la necesidad del otro y solamente cuando vi un pequeño detalle supe que se trataba de ambos.

— Tiene pinta de ser realmente delicioso… —susurré en su oído.

Se estremeció de pies a cabeza y sonrió ampliamente antes de atrapar mis manos que habían ido a viajar a su pecho. Las tomó entre las suyas dejando un beso en cada una.

— Según recuerdo… lo es.

Si echaba la vista atrás, era cierto. Parecía que nuestros deseos instintivos se habían ido frenando con el paso del tiempo. Puede incluso que la vergüenza o el amor nos hiciesen actuar de otra forma, pero en realidad, mi verdadero temor era diferente. ¿Sería demasiado casquivana para él? Sabía que me habían drogado y que habían abusado de mí en un momento de debilidad, que había yacido con su peor enemigo y que no era una experta en ningún tipo de arte de esas características. Nunca había querido preguntarle porqué era ahora tan permisivo conmigo. Seguramente porque me aterraba la idea de volverme a sentir rechazada de alguna forma y aunque nuestros labios se habían vuelto a unir, yacer era algo muy diferente.

— Quizá debas practicarlo para recordarlo mejor —di un sonoro beso a su mejilla y me separé de él antes de empezar a canturrear y a bailar al ritmo de la música intentando levantar esa moral que siempre era arrastrada al fango por mi poderosa enemiga.

Di vueltas alrededor de mí misma mientras soltaba algunas de las frases que pronunciaban en español, algo que provocó la risa de Derek y eso propició que me acercase con cara de pocos amigos hasta darle un mordisco en la mejilla muy suave, antes de salir corriendo por el piso. ¡Ahora sí que extrañaba el piso que él tenía en Los Ángeles! Allí había mucho lugar donde correr.

Ni tan siquiera sé cómo lo hizo porque pocos segundos de escuchar la butaca caer al suelo sus brazos estaban rodeando mi cintura y levantándome del suelo.

— ¡Derek, no!

Sin embargo, las risas eran inevitables entre ambos. Sus dientes atraparon el lóbulo de mi oreja y comenzó a mordisquear mi cuello de una forma que causaba de todo menos dolor. Ese intenso hormigueo que nacía en mi cuello se deslizaba por toda mi anatomía hasta situarse justo entre mis piernas y no sabía cómo se podían conseguir esas emociones sin buscarlas en realidad.

Reí por las cosquillas que me hacía su ligera barba, pero entre risas se me terminó escapando un gemido que provocó que me sonrojase hasta las orejas. Derek solamente paró dos segundos, lo suficiente como para dejarme en el suelo y después regresó a la carga, no obstante, sus manos ahora empezaron a tomar también partido. Podía sentirle recorriendo mis curvas sobre la tela del camisón y cómo todo mi ser se iba volviendo gelatina entre sus brazos. Eché mi cabeza hacia atrás y agarré su cabello sin girarme antes de sentir que sus manos agarraban el escote de mi camisón. El rasgar de la tela podía ser erótico, ahora lo descubría. No había sentido vergüenza, solamente deseaba perder la tela que tenía mi cuerpo encima y deshacerme de la suya propia.

Sus manos atraparon mis senos y cerré mis ojos soltando un gemido hacia el cielo. Él apretó su erección contra mis nalgas aún cubiertas por la tela que había quedado como una sudadera abierta gracias a los minúsculos tirantes. ¿Qué tenía Derek de diferente? Tantas cosas… Sobre todo aquella pasión. Arrancarme la ropa hubiese sido impensable y para él era necesario, como si leyese mi propia mente suplicándole que lo hiciese aunque supiese que estaba mal, o que me costaría encontrar algún otro camisón que me gustase.

Christina Aguilera había empezado a cantar en español El beso del final y aquello solamente incendiaba más la temperatura. Sus dedos tiraron suavemente de mis pezones y terminaron dejándolos descansar de su tacto, suplicando estos últimos por más, para deshacerse de la molesta tela rasgada.

Me dio la vuelta y besó mis labios con el deseo de un animal hambriento por su presa y desde luego que lo estaba, como yo de él. Nuestras lenguas se encontraron antes de que me cogiese por los muslos llevándome hasta la cama poco antes había abandonado.

— No te muevas… —susurró sobre mis labios y salió lo suficiente para llegar con chocolate fundido y fresas. ¿Desde cuando tenía eso preparado?

— ¿Esperabas este momento?

— Ni te imaginas cuánto… —y me entregó una fresa bañada en chocolate que mordí mientras el chocolate empezó a bañar mis pechos haciéndome jadear. Esto prometía.


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