2018 / Sep / 06

Me negué a volver a usar esos aparatos. No me daban el placer que yo buscaba. No era un sometimiento por mí mismo, era lo inofensiva que la dejaban las cuerdas, las mordazas. ¿Qué había de atractivo en eso? Quería que aunque pudiese irse estuviese tan paralizada por el miedo que no lo hiciese en realidad. El único problema que encontraba a todo eso era la simpleza de arañarme, quedándose con parte de mi ADN y haciéndole a la policía más sencillo averiguar quién era, aunque el nombre que ellos tenían con mis datos pertenecía completamente a mi pasado. El hombre que estaba en ese momento en la Tierra no había tenido infancia, ni padres, nadie que le hubiese podido destrozar la existencia, mi pasado sí, quien fui sí y por eso había muerto, le había enterrado en el momento que me libré de mis progenitores gracias a los azares del destino. 

Me gustaba ver el mundo desde esa nueva perspectiva. Esperaba que nadie pudiese atar cabos descubriendo la primera muerte de la que fui testigo, de mí mismo. Ahora era yo quien tenía el control de todo lo que me rodeaba y me daba mucha seguridad. Yo escogía quién se acercaba a mí y quién no, quién tenía futuro y quién no. Podía jugar a ser Dios si quisiese y nadie me lo podía negar. El subidón fue tal que estuve un tiempo sin buscar calmar mi sed de venganza frente a todas las mujeres. Las dejé ser, respirar, sentir, acostarse con quien quisiesen, pero como imaginarás, la vida no es maravillosa y los instintos primarios suelen venir con más fuerza aún. 

No veía necesidad, era cierto, pero me había labrado otro objetivo. Mis deseos no eran fáciles de conceder y menos cuando en mi mente podía ver una y otra vez el momento en que había logrado tener lo más parecido a un éxtasis de aquellos en los que se pierde la cabeza por completo. ¿Has tenido sueños eróticos, Kyra? Pues esto era algo similar. Para mis deseos se iban incrementando exponencialmente con el pasar de los días y negarse el placer no está en la naturaleza humana. 

Salí en busca de una mujer que satisficiese mis deseos más oscuros. No quería regresar a un sitio como ese hotel, deseaba tan solo que una mujer se rindiese a mí por mis artes de seducción. Sería algo más complicado, llevaría más tiempo, puede incluso que una relación si es que podía llamársele relación, pero sabía que la recompensa sería mucho más intensa para mí. 

¿Es así como se liga normalmente? ¿Es lo que hace un hombre para encontrar a la mujer de su vida? De ser así, de ser tan sencillo, créeme que debes tener cuidado porque cualquiera puede ser tan peligroso y desear tu muerte, como yo. 

Entré en el bar. Era un lugar con clase, debía reconocerlo. La cantidad de perfumes caros mezclándose en el aire era insana, pero si hubiese llevado todo el mundo la misma esencia el colocón hubiese sido mayúsculo. Unos olores contrarrestaban a otros y por supuesto, estaba el olor del tabaco, porque cuando se tiene dinero se hace la vista gorda en demasiadas situaciones, Kyra. El dinero da mucho poder. 

Saqué un cigarrillo, me senté en una mesa que estaba libre sin que me colocasen allí. ¿Quién podía sacarme de un lugar si podía comprarlo chasqueando los dedos? Tras encender el cigarro miré a mi alrededor, observé a cada mujer, cada curva, cada escote, cada arruga, cada mechón que se hubiese escapado del recogido o que me pudiese indicar que no sería el primer encuentro intenso que tendría aquella noche. No… no me interesaban esas mujeres. Ya sabía lo que era domar a alguien que conocía la materia más oscura, quería… quería algo distinto, alguien un poco más pura para corromperla hasta el final, una mujer capaz de acceder al deseo y abierta de mente.

En ese momento vi unos ojos marrones pendientes de su copa. Parecía triste, aislada. Tenía la marca del anillo en su dedo anular, así que comprometida o casada había terminado con su pareja y estaría buscando al hombre de su vida, ese príncipe azul que pudiese darle el mundo, bajarle la luna y ofrecérsela si era necesario. Aunque sus ojos pedían algo tan romántico, los míos habían encontrado lo que necesitaba. Una prueba más. Debía enamorarla, o atraerla lo suficiente como para que se dejase arrastrar, seducir. 

Levanté mi brazo y llamé al camarero para que se acercase a mí. Aspiré el humo del cigarrillo y después lo solté suavemente entre mis labios dejándole esperar. Había tardado más de dos segundos, algo inaceptable para mí, así que era evidente que me recrearía en mis peticiones, deseando que no se adelantase nadie a socorrer a esa mujer. No era precisamente guapa, no debía mentir, pero necesitaba practicar con la segunda categoría para entrar a la élite. 

— Llévele una copa, un Amaretto-Cranberry Kiss de mi parte. No tarde demasiado. 

El hombre se fue para pedirle al barman el combinado. Después, lo llevó a la mujer que sorprendida me buscó con la mirada después de que el camarero le indicase quién era. La mujer estaba sorprendida, casi pude ver el sonrojo en sus mejillas y deseé creer que no estaba acostumbrada a nada de aquello pues lo hacía más interesante. ¿Qué mujer dudaría de un hombre amable, bien vestido, atractivo que se fijase en ella después de un fracaso amoroso? La fragilidad es una de las mejores virtudes de las mujeres que no pueden, que no saben estar solas si no es en busca del amor todo el tiempo. 

Su sonrisa fue coqueta después de la sorpresa inicial. Había picado el anzuelo con una facilidad sorprendente. Quise reír, pero solamente le permití a mi interior jactarse con esa pequeña victoria pues aún quedaba muchísimo camino hasta alcanzar mi objetivo final. Debía ser inteligente, mucho más que ella, que no se oliese en ningún momento hacia donde iba guiándola. 

Me levanté de mi asiento, caminé hasta ella con mi copa en la mano y me presenté, debía hacerlo con un nombre diferente, no podía seguir usando el mío del mundo de los negocios, tenía que terminar de transformarlo en un juego, así que me presenté por primera vez con el nombre que me conoces, Kyra. 

— Puedes llamarme Douglas —dije a la joven que fascinada, me regaló una de las sonrisas más seductoras de su repertorio. 


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