2018 / Sep / 05

En todos los expedientes estaba seleccionada la mentira, exactamente el momento en que él había colocado el gazapo. Decidí abrir el expediente de Gustav comprobando que su historia tenía las mentiras de forma clara. Él me había confesado lo ocurrido con su anterior pareja y allí estaba relatado de otro modo en que Gustav terminaba siendo prácticamente un asesino. ¿Si no lo hubiese señalado con el número de mil demonios me lo hubiese terminado creyendo? Lo dudaba. Mi recuerdo de Gustav era demasiado dulce, un abrazo en el que realmente había podido sentirme segura a pesar de que él se hubiese ido desvaneciendo nuestras posibilidades de ser felices juntos.

De todos modos, tenía que recordar qué era lo que tenía que hacer cuando descubriese los datos falsos. Aquella información era muy larga y la contraseña dudaba que lo fuese tanto, básicamente porque de ser así habría muchas más posibilidades de que me equivocase.

Pensar no parecía ser mi fuerte en esos momentos, en absoluto. Estaba completamente colapsada y le pedía a mi cerebro un esfuerzo hercúleo cuando él ya estaba jugando a varias bandas: una, intentar comprender todo lo que tenía delante; dos, recordarme a cada rato que era la culpable de todos los fracasos de mi vida; y tres, la manera incomprensible en que mi cabeza me regalaba algo parecido a una banda sonora mientras hacía todo lo que se suponía que tenía que ser lo único en lo que pensasen. ¿Mindfullness? ¡Já! Cuando fuese capaz de controlar mi cabeza de todo lo que procesaba en medio segundo me reiría de todos esos superpoderosos que leen la mente. Mantener sometida a mi mente sí que era un verdadero desafío.

Intenté razonar. Los textos bíblicos que podía terminar escribiendo con respecto a las mentiras redactadas por Douglas, debían tener una forma de sintetizarse. ¿Y si… ? ¿Podían ser sintetizadas en una única palabra, delito, emoción o simplemente un sustantivo? Analicé el texto escrito por Douglas en el expediente de Gustav. ¿Debía centrarme en la mentira o en el sustituto descubierto por mí? Mordí mi labio inferior y pensé en una forma de definir las dos. El pasado real me llevaba a pensar en la palabra: abandono; en cambio, el pasado ficticio me daba como respuesta: asesino. Escribí ambas palabras en el dorso de una hoja ya impresa. ¿Tenían algo en común esas dos palabras o tenía que elegir entre una de ellas?

Quizá lo viese más claro si me centraba en otro expediente, en buscar la palabra que definiese ambas, al menos aquellas que supiese cuál era la verdadera situación dentro de esa fábula de mentiras inventadas por una mente que disfrutaba jugando con la mía propia.

Escogí el expediente de Verdoux. Observé el lugar donde estaba marcada la mentira y volví a buscar una palabra que definiese cada una de las situaciones. Puede que mis propios sentimientos entrasen en juego, pero en la realidad tan solo pensaba en la palabra egoísmo, mientras que en lo detallado el incesto era más que evidente.

Aquellas palabras, teóricamente, no tenían nada que ver la una con la otra. Miré la escasa lista creyendo que tenía aún mucho trabajo por delante, pero se me ocurrió una idea. ¿Y si eran calificativos de la propia vida de Douglas? Las cuatro palabras que había conseguido sacar lo eran. Abandono, asesino, egoísmo, incesto… todas parecían calificativos de su propia vida, como si buscase en los demás partes de sí mismo. ¿Sería ese su objetivo?

Volví a perderme entre los expedientes buscando soluciones. Llamé a Chloe y le leí la parte donde estaba el gazapo. En otros expedientes me limité tan solo a describir la situación expuesta, por mucho que supiese que era falsa y no tenía la forma de conocer cuál era la realidad. Fuera como fuese terminé con un gran listado de palabras. No podía evitar ver más y más claro que todos esos términos eran una descripción silenciosa de él mismo.

¿Podría ser su verdadero nombre la clave o aquel con el que yo le conocía? Tenía más de una posibilidad, seguro, el único problema es que no recordaba cuál era el nombre real de ese sujeto maquiavélico. Resoplé porque volvía a estar en un callejón sin salida del que tendría que buscarme la manera de escapar.

Nunca me había creído lo suficientemente inteligente como para resolver los mayores misterios de la historia. De hecho, dudaba si era mínimamente lista como para saber realizar muchos ejercicios que había terminado descubriendo que tan siquiera sin pensar había logrado resolver con un parpadeo y sin tener la consciencia completamente alerta. Por ese motivo había pensado que todo era mucho más sencillo de lo que planeaban hacernos creer. No creía que eso fuese ser inteligente, no a mis ojos, mientras que el mundo me devolvía lo contrario provocándome una gran confusión.

No perdía nada por provocar que Douglas fuese la palabra correcta en la contraseña para abrir la segunda carpeta. El único problema es que no sabía dónde había un ordenador dado que dudaba si había visto el mío en mi maleta.

Me levanté, me percaté que Verdoux no estaba, por lo que seguramente se estaba arreglando para su patética cita y abrí la maleta buscando mi verdadero amigo en todas las circunstancias, mi portátil. Tras lograr encontrarlo y el pen drive con él, caminé hacia el lugar que estaba lleno de mis garabatos y miles de papeles sobre vidas ajenas, desconocidas para la mayoría de aquellos que leyesen sus letras.

Encendí el ordenador, puse el usb en su puerto, en el más rápido. Esperé unos segundos y finalmente acepté que el riesgo podría servir para algo. Tecleé Douglas teniendo todo el cuidado del mundo para no duplicar letra alguna y no confundirme. Di finalmente en la validación y rápidamente ocurrió lo inesperado. ¡Se abrió! ¡Me permitió entrar!

¡Será cabrón! Fue lo primero que pasó por mi cabeza porque había logrado desconcertarme cuando todo era mucho más sencillo de lo que había planeado. Si hubiese puesto su estúpido nombre tiempo atrás me hubiese librado de grandes quebraderos de cabeza y de meterme en la intimidad de personas importantes para mí. ¿Y si lo que quería es que yo me volviese un ser parecido a él? ¿Y si quería que rompiese todas las barreras de mi propia ética y moral?

Me centré en la pantalla viendo toda la cantidad de textos en archivos Word y pdf que había en esa carpeta. La segunda fase del juego acababa de comenzar.


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