2018 / Ago / 09

Pillar a Douglas no parecía algo fácil. Bueno, a quien era realmente Douglas. No podía acordarme de su verdadero nombre cuando ya le había llamado de esa forma desde el principio. Sería difícil hacerse a la idea de otro nombre. No obstante, ahora mismo no era lo que más me importaba. Quería quitarme de la cabeza lo sucedido con Rochester. Su cuerpo sin vida, su pelaje lleno de sangre… todo me había resultado tan aterrador como si hubiese visto la peor película de miedo de la historia del cine.

La policía me había propuesto una manera en la que intentar atraparle. Sería mucho más fácil poder cogerle cuando no estuviese en su terreno, cuando estuviese persiguiéndome. Tal y como habían escuchado en la cinta estaba dispuesto a lograr que fuese suya de la manera que él considerase oportuna, por lo que lo más probable es que me persiguiese a cualquier tipo de cita que tuviese con aquel que él consideraba su mayor enemigo. William tenía que entrar en todo aquel plan, pero yo no sabía si sería lo mejor que él supiese lo ocurrido entre ambos. No sabía cómo podía llegar a reaccionar con los celos de por medio y sí, estaba bastante nerviosa por lo que pudiese suceder entre ambos.

Heinrich me acompañó hasta el lugar donde decidieron mantenerme durante unas horas aunque tendría seguridad de paisano cuando hubiesen encontrado la ubicación correcta para mantenerme vigilada.

— ¿Estás bien?

— ¿Puedo estarlo? —le miré de forma que le hacía entender que me había preguntado una soberana tontería.

— Seguramente pronto estarás mejor… Solamente tienes que dejar que pase el tiempo.

Permití que me acurrucase en su pecho hasta que la puerta volvió a abrirse. Habían ido a buscar a William y allí estaba. Al verme abrazada a Heinrich prácticamente se le salieron los ojos de las órbitas, pero cuando fui consciente de su presencia, me levanté y me apreté al pecho del literato quien me recibió en sus brazos sin echarme en cara absolutamente nada porque las lágrimas seguían aflorando por mis mejillas.

— ¿Es cierto? ¿Han matado a Rochester?

Asentí sin encontrar aún la voz para poder decirle palabra alguna. Me apretó un poco más a su cuerpo. Cerré mis ojos y no tuve ni que imaginarme lo que estaba ocurriendo entre los hombres que estaban allí retándose con la mirada. Podía sentir lo tenso que estaba William por la forma en la que se contraían los músculos de su espalda. Mis dedos se aferraban a su camisa. Pude escuchar un carraspeo y después, William decidió romper el hielo.

— Soy William Verdoux y ¿usted?

— Heinrich Hamann…

— El famoso abogado…

Sabía que William le había reconocido. Tenía en su cabeza grabado el rostro del hombre que había sido para él una amenaza el mismo día de su cumpleaños. Él me había dejado la tarjeta en mi bolso, pero de todos modos, sabía que no tenía que ser plato de gusto haberme encontrado abrazada a otro hombre, aunque siendo realistas yo había tenido que verle con la condenada pelirroja sin tan siquiera esperarme de ninguna manera que pudiese necesitar su presencia.

— ¿Le ha llamado a él antes que a mí?

Alcé mi mirada para fijarme en sus ojos que me estaban castigando duramente por ese hecho. Esperaba que se le quitase la tontería en cuanto supiese todo lo que había pasado porque si me seguía culpando por una idiotez así sería yo quien le terminase cruzando la cara frente a todos los policías del cuartel.

Era la hora de comer, por lo que nos habían traído algo a Heinrich y a mí. Insistían en que comiese algo más y había tenido que darles a los policías las señas con las que se podían poner en contacto con Catherine a quien aún tenía que devolverle el teléfono.

— Disculpe, pero Kyra no tuvo otra alternativa. Hizo lo que creía mejor para mantenerle a salvo aunque quizá no debiera hacerlo…

Esa última parte de su comentario me hizo girar mi cabeza hacia el letrado que parecía haberlo dicho en un tono hiriente del estilo “usted sobra completamente en todo este cuadro, Verdoux, pero le permito estar”. También podía ser que estuviese poniendo en duda mi buen juicio y no sabía cuál de las dos posibilidades me ponía de peor humor.

— La señorita Mijáilova puede responder por sí misma.

Un momento, ¿estaba en un concurso de ver quién era más macho? ¿En serio? ¿En un momento como ese? Iba a mandarles a los dos al mismísimo infierno, pero me limité a separarme e ir a comerme el bocadillo que no había podido catar hasta el momento. El recuerdo de Rochester no me dejaba probar bocado y sabía que sería después mucho peor cuando tuviese que volver a irme a mi hogar, sola, sin nadie que me protegiese. Mi cánido ahora solamente podía ladrar desde donde estuviese.

— ¿En serio la sigue llamando de esa forma? Creí que erais pareja Kyra…

— No creo que tenga que darle ningún tipo de explicación sobre cómo llamo o dejo de llamar a Kyra —mi nombre sonó hasta con recochineo de su boca, como si fuese algo parecido a un insulto.

Le dirigí una mirada asesina. William pareció percatarse de lo que había hecho, pero sin un solo “lo siento” de por medio, caminó hasta la silla que estaba colocada al lado de la mía y tomó una de mis manos entre las suyas casi marcando territorio como los animales. ¿En serio, William? Solamente es un abogado, que está casado y que no me ve con esos ojos. Mi estado anímico no era el idóneo para aceptar aquellos celos como algo bueno, si es que los celos eran algo bueno en algún momento dentro de cualquier tipo de relación. Yo misma había padecido los celos enfermizos en carne propia siendo quien los sufría principalmente. No eran plato de gusto para nadie, provocaban malentendidos, discusiones, dolor, dolor y más dolor…

Sawyer entró en la sala justo en ese momento dispuesto a explicarnos todo el operativo, sabía que William no sabía nada sobre Douglas así que tenía toda la pinta de que me esperaba una horrible discusión en casa, bueno, si íbamos a casa.


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