2018 / Jul / 31

Londres. Mi nueva ciudad. Me paraba a pensar en todo lo que había tenido que viajar en un período de cuatro años y había sido más de lo que había viajado en toda mi vida. Podía llegar a resultar gracioso si no temiese tanto los cambios.

Rochester estaba instalado conmigo. Había tenido que buscar un hotel que permitiese la entrada de animales. También había traído toda la ropa que tenía en Belfast dejando algunas cosas que no traería hasta tener una casa propia. Había echado algunos vistazos en algunos pisos que consideraba podían ser económicos, pero me parecía un precio estratosférico para aquello que yo había estado pagando en Evesham. Además, la mayoría eran alquileres y no compra. No sabía si me resultaba más rentable o no, así que aún tenía que echar números.

La despedida con Chloe había sido complicada. Ambas habíamos terminado medio sentimentales. La echaría de menos, pero si había suerte quizá ella misma pudiese ir a Londres a vivir a no ser que no desease cambiarse de lugar. Aún no sabía demasiado de su situación, pero le había asegurado que la llamaría de vez en cuando para mantenerme al tanto y hablar sobre nuestros problemas o para bromear sobre las veces que les daríamos a su suegra y cuñada con la escoba por la que nos habíamos conocido.

Todo había sido bastante más sencillo de lo que esperaba. Era domingo y ya estaba instalada. Todo seguía siendo más emocionante que aterrador, pero comenzaba a sentir los pinchazos en el estómago que me indicaban que los nervios iban aumentando. Sabía pocas cosas sobre mi primer día. Me darían pacientes nuevos y algunos que se habían quedado descolgados por lo que me tenía que leer historias clínicas bastante largas. Además, a primera hora tendría la reunión del equipo para poner casos en común, hablar de posibles ingresos en la planta psiquiátrica y todas esas cosas. Me imaginaba también que se me leería la cartilla por ser la nueva para que supiese a lo que tenía que atenerme y luego tendría que sumergirme en miles de historias para intentar memorizar en el menor tiempo posible los nombres de personas que no había visto nunca ni sabía en qué fase estaban de su tratamiento.

También, había podido hablar con William, unos minutos. Me había dicho que ellos también iban a mudarse a Londres porque para Isabella y para Phillip había un instituto fantástico y además, John, intentaría conseguir una beca para tocar el piano, algo que ni tan siquiera sabía que fuese un erudito como para conseguir una beca. La intención de éste último era lograr estudiar en Viena cuna histórica de la música clásica.

Me agradaba la posibilidad de vivir durante un tiempo más prolongado en la misma ciudad que William, pero bien era cierto que tenía la impresión de que existía un nuevo obstáculo entre nosotros, algo desconcertantemente misterioso. Me había preguntado también si su madre se quedaría en Nueva York o la traería consigo para que se tratase por sus adicciones. Me sorprendería que tras tanto tiempo intentando ayudarla, dejase finalmente que estuviese sola con las amplias posibilidades de una recaída que podía haber en una persona con una adicción.

Le había dicho donde estaba, la habitación incluida, por si deseaba venir a verme en algún momento si se mudaba en ese verano allí. Esperaba que en algún momento pudiésemos encontrarnos, empezar algo si es que había posibilidad alguna.

Había decidido darme un pequeño homenaje en un intento por hacer más llevaderas aquellas horas que me quedaban de desempleada. Rochester llevaba al menos una hora pidiéndome que le sacase. Había intentado aguantar lo máximo posible porque le había bañado hacía poco, pero tenía que sacarle a pasear o sería peor.

Tras ponerme unas zapatillas, Rochester había conseguido encontrar su correa. Salimos a la calle y empezamos a caminar. Mi intención no era otra que comprarme algún refresco y algo de comida en algún pub que estuviese abierto. El resto de comidas las haría en el restaurante del hotel, así que no tendría que pensar a dónde podía ir para realizar la siguiente ingesta salvo que diese algún capricho.

Rochester movía su cola contento. Me gustaba comprobar que al menos uno de los dos no estaba al borde de un ataque. Dejé que él decidiese nuestro trayecto, tenía mucho que desearía investigar y él debería tomar mejor esas decisiones que yo cuando no me importaba hacia donde ir. Eso sí, tenía que intentar acordarme del camino de vuelta o se me haría bastante complicado regresar esa noche sin tener que llamar a un taxi para que me llevase, porque terminaría en la otra punta de la ciudad si me despistaba lo suficiente.

Mi móvil me vibró en el bolso, pero no quise sacarlo aún. Sin embargo, el teléfono no dejó de sonar, siguió indicándome durante bastante tiempo la insistencia de aquella persona que me estuviese llamando. Metí la mano en el bolso buscando mi destartalado teléfono y comprobé que era un número desconocido. Tenía toda la pinta que no iba a dejar de molestar hasta que cogiese la llamada, por lo que descolgué llevándome el aparato a la oreja.

— Señorita Mijáilova…

La sangre se me heló por completo. Era una voz demasiado grave, lo suficiente como para que no me resultase divertido ni agradable haber recibido una llamada suya. Hacía días que no había tenido que encontrarme con semejante ser, y ahora ¡tenía mi número de teléfono!

— Disculpe, pero temo que se ha confundido —intenté cortar la comunicación aunque su risa al otro lado me resultó siniestra.

Podía recordarle a la perfección, cigarrillo entre sus dedos, apoyado en el chasis de sus vehículo carísimo mientras observaba mi figura a través de la ventana del piso de Belfast.

— No se asuste, señorita Mijáilova. Sé que es usted. Tranquila. Mi intención no es otra que ofrecerle un trabajo, un muy bien remunerado he de decirle. Algo que quizá le permita salir de ese hotel en el que se hospeda.

— ¿Se está dando cuenta de que no le he dado nada de toda esa información? —mi tono de voz había salido más histérico de lo pretendido.

— Lo sé. Sé que estará asustada, pero creí conveniente darle a entender hasta qué punto puedo encontrarla. De poco le servirán las negativas. La quiero a usted para ese trabajo.

— ¿Qué es lo que quiere?

— Pronto lo averiguará…


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