2018 / Jul / 31

Aún daba vueltas a la cabeza a las mismas frases dichas en la entrevista. Con cada vuelta que daba le sacaba un nuevo pero, un nuevo fallo. Lo que fuese con tal de seguir causando ansiedad y angustia en mi cuerpo. Me había negado la posibilidad de aguantar todos esos pensamientos sin hacer nada al respecto. Sí, seguramente no sería lo mejor que podía hacer, pero me merecía un premio por enfrentarme a algo que me aterraba tanto como un examen escrito: ¡uno oral! Había llegado hasta el McDonald’s más cercano y estaba atiborrándome de los nuggets de pollo con salsa barbacoa además de una ración de patatas medianas y el helado que me pediría después. Había momentos en la vida en los que podía controlar mi hambre. Aquel no era uno de esos momentos.

Tenía que intentar no pensar en negativo, pero mi mente parecía alimentarse de eso como si alguna otra persona le estuviese cuchicheando todo lo que tenía que decir para terminar de alterar la poca o casi nula paz que me quedaba en el sistema.

Me había puesto la música, sin embargo, mi estado de ánimo tan solo se sentía a la par con la melodía de One more light de Linkin Park. Cada vez que pensaba en que esa sería una de las voces que no volvería a oír cantando nuevas melodías agradecía todas las que ya habían sido grabadas y no serían destruidas pues ya formaban parte de la historia viva de internet viajando de un país a otro.

Hay veces en las que uno tiene que dejarse llevar por su propia desolación, otras, en cambio, tiene que hacer lo posible por levantarse el ánimo y por muy dolorosa que fuese esa balada nada le podía quitar la verdad a sus palabras. A pocos les importan esas luces que se van apagando poco a poco, pero a mí me importaban todas esas luces sufriendo, agonizando y elevando su último grito en silencio: una súplica porque no las dejasen morir, porque alguien volviese a avivar el fuego que durante tanto tiempo las había tenido encendidas.

Pensé en Livia. Pensé en mí. Pensé en todos aquellos que había dejado atrás durante mi ascenso por la montaña. Recordé lo alejada que me parecía la cima. Pensé en la oscuridad del valle en que había estado sumida durante tanto tiempo. Nugget tras nugget pude rememorar cada historia contada, cada suceso en mi vida. Casi podía sentir las heridas que me había hecho en las manos cuando había tenido que agarrarme a piedras afiladas y escarpadas porque no había otro posible camino. Mis pulmones notaban la falta de aire durante la ascensión, pero a medida que subía metro tras metro la mochila que había cargado desde el principio en mi espalda había ido dejando escapar las piedras que la hacía pesada. Ahora era más liviana, pero no dejaba de ser una mochila con algunas piedras que siempre iban a evitar caerse por el agujero de la tela. Todas las que había perdido eran prescindibles, sin embargo, los cantos que me seguían acompañando se habían fijado a las costuras para no salir nunca, quizá hacerse menos molestos con el tiempo, pero siempre estar ahí para que notase su peso a todas horas.

Yo quería ser ese serpa del Himalaya que ayudaba a los escaladores con el ascenso. Deseaba poder ayudarles a rasgar la mochila para que esas piedras poco a poco se fuesen cayendo en los momentos adecuados. Quería dar nuevas esperanzas al ascenso como alguien que había visto los metros por encima de nuestras cabezas, para hacerles entender que si no era una salida como de cuento de hadas en la que todo deja de doler, en la que nada puede con nosotros, sí había posibilidades de avanzar por muy doloroso que fuese el intento.

Y, ¿por qué negar que todos ellos me recordaban que yo misma tenía que seguir avanzando? Si había cambiado, si había sido antes una de aquellos montañeros que había llevado una mochila demasiado pesada, ¿por qué no podía seguir hacia delante intentando que la carga fuese lo necesariamente pesada a pesar de tener que tropezarme y dar algún paso para atrás?

Cuando terminó la canción, en mis labios se había dibujado una sonrisa. Chester había logrado recordarme que había muchas formas de ser una luz apagándose: por el efecto de los demás, por el efecto de uno mismo o porque al intentar ayudar a otros a brillar uno había olvidado que tenía que seguir brillando.

La canción comenzó de nuevo. La había puesto en bucle. En otros momentos me hubiese llevado a una tristeza profunda, pero no ahora, no en ese momento que me fijaba en la letra, en el significado, en el verdadero motivo de cada una de las estrofas.

Me terminé despacio todo lo que me había pedido, pero ya no por pura ansiedad, sino porque me apetecía comer, tenía hambre de verdad, no ese hambre nerviosa que siempre me daba cuando estaba teniendo un ataque de culpabilidad o de «flagelación».

¿Qué pasaba si no conseguía ese trabajo? Que algún otro existiría. Nada me ataba a ninguna parte por lo que tan solo el mundo entero era mi mapa en el que dibujar una ruta, en el que decidir quién ser y cómo serlo.

Me comí la última patata y estuve un poco más de tiempo en la mesa mirando por la ventana que tenía a mi lado. Fuera, los londinenses se mezclaban entre los turistas. Eran fácilmente reconocibles. Quien no era residente siempre llevaba un mapa en la mano o la cámara colgada al cuello. Me pregunté si alguna vez yo había tenido esa pinta y alguien me había mirado desde algún sitio pensando cuál podía ser mi historia, qué podía haberme traído hasta allí o había sido igual que una turista más de la gran oleada, perdiéndome entre los millones de caras que habían recorrido aquella misma plaza, esas mismas calles y soñado en algún momento con ser Hermione Granger o algún personaje de Harry Potter para recibir la carta de Hogwarts que cambiase mi vida para tener que enfrentarme al malvado Lord Voldemort o algún archienemigo tan terrorífico como él; pidiendo en el fondo ser la elegida de una historia que solamente yo tenía derecho para vivir.

Recogí todo lo que había consumido. Lo llevé a los contenedores propios para el reciclaje y finalmente salí del local de comida rápida deseosa de ver un Londres diferente, menos amenazador que podía llegar a ser mi amigo aunque aquel trabajo no fuese para mí.


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