2018 / Jul / 30

Rochester en cuanto me vio corrió hacia mí. Había crecido lo suficiente como para no ser considerado un cachorro a simple vista. Era un perro de muy buen tamaño y eso me hacía pensar en cómo podría llevarle hasta Londres si me daban finalmente el puesto. Tendría que pagar un billete para él que casi estaba tan grande como yo.

Chloe me recibió con una sonrisa en los labios y la abracé sabiendo que no estaba lo suficientemente bien. El abrazo fue más largo que cualquiera de los que yo hubiese dado en algún otro momento y como si pudiese leer mis intenciones, sus dedos se agarraron a la tela que cubría mi espalda para permitirse un momento de debilidad que seguramente habría tenido entre los brazos de su pareja.

Acaricié suavemente ésta misma y después di un beso a su frente por instinto, buscando en lo posible reconfortarla. Su situación era mil veces peor que la mía, ¿para qué negarlo? Pero al igual que parecía que yo no tenía ningún tipo de solución en algunos momentos, ella también debía tenerla aunque no la viese. Intenté pensar más como amiga que como psicóloga. Sabía que era lo que necesitaba además que como psicóloga no sabía si tenía fuerzas para hacer algún tipo de terapia. A veces la objetividad se va al garete cuando vemos a una persona que está vulnerable.

— ¿Quieres hablar? —pregunté tras aquel abrazo.

Su mirada estaba apagada, triste y terminó asintiendo con lentitud antes de dejarme entrar dentro de su hogar. Había pasado varias veladas en él. Había hablado mucho con Chloe y bastante menos con su pareja. De todos modos, sabía que tenía delante de mí a una pareja de verdad, a quienes se amaban por encima de cualquier otra cosa y era reconfortante saber que mi amiga había encontrado a alguien que realmente merecía la pena, que la miraba como si no hubiese otra mujer en el mundo a pesar de que el mundo quisiese llevarla de cabeza.

— No puedo más —confesó al fin después de que se hubiese empeñado en preparar algo para beber mientras hablábamos. Su idea principal había sido un café y le negué la posibilidad de hacerlo. Pero me dio un refresco que tenía siempre para mí sabiendo mi disgusto por la efervescencia del resto—. Tengo miedo de que esto llegue a demasiado. ¿Crees que podría soportar no saber si podré seguir o no en mi propia casa? Vale, no es mía, pero ¿por qué nos la ofreció esa… si no quería mantenernos aquí? Comprendo que quizá soy egoísta pensando tan solo en mí misma, pero… ¡es su hermano! ¿Trata así a su propia familia? Además… la idea de tener que vender «El paraíso de los dulces» es igual que pegarme una puñalada.

Hice una mueca al escucharle antes de tomar una de sus manos en busca de hacerla sentir más apoyada de lo que seguramente se sentía en ese momento.

— Chloe —llamé su atención puesto que parecía estar perdida en sus propios pensamientos—, no seas tan cruel contigo misma. Cualquiera en vuestra situación pensaría más o menos lo mismo. Tanto tu suegra como tu cuñada te aprietan las tuercas como si no tuviesen nada más productivo que hacer. Era realmente imposible que pudieses aguantar cuando la mayor parte de los estímulos que recibes son negativos hasta el punto de creer que no vas a poder seguir adelante. No obstante, tenemos que intentar pensar en positivo, en lo posible, ¿vale? Hay que encontrar soluciones.

— La única posibilidad es que buscase otro trabajo y no creo que fuese algo fácil. No he encontrado nada desde hacía tiempo y lo único que podría hacer es vender «El paraíso de los postres».

Fruncí mi ceño al escucharla y después chasqueé la lengua negando antes de acariciar el dorso de su mano con mi pulgar.

— ¿Por qué tienes que luchar en contra de tus deseos? ¿Por qué no puedes seguir con la tienda?

— No me da el sueldo mínimo.

— Eso de momento y además, has tenido que pagarme a mí todo este tiempo como extra, algo con lo que quizá no contabas. Pero, tengo una buena noticia para ti. No tienes que seguir pagándome, he encontrado un puesto de trabajo en Londres, por lo que todos los beneficios serán para ti. Sí, tendrás más trabajo para tus manos, pero quizá tener el sueldo íntegro logre paliar algo ese sentimiento de imposibilidad de conseguir algo más —suspiré profundamente mirándole a los ojos y deseando que ella comprendiese que aún había posibilidades.

— Un momento… ¿un trabajo en Londres? ¿En serio?

Tras hablar un rato de todo eso pudimos continuar buscando soluciones en lo posible. Le conté algunas cosas sobre mi viaje a Italia. Sin embargo, no quise contarle mucho sobre William. Ella sabía delo ocurrido en el pasado con él y seguramente me daría de collejas hasta que aprendiese una lección que dudaba pudiese llegar a hacerlo.

Cuando conseguí lograr algunas nuevas sonrisas en ella, decidí regresar a mi hogar. Rochester me acompañaba todo el tiempo restregándose contra mis piernas haciendo hasta lo imposible por impedirme el paso. Reí puesto que me costaba caminar. Intenté evitar que se metiese entre mis piernas y que me cerrase el paso. Estaba increíblemente contento. Adoraba verle así. La última imagen que tenía de mi amigo era que del momento en que estaba tan malito. Chloe lo había cuidado de maravilla.


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