2018 / Jun / 21

2002

Había encendido el ordenador de nuevo. Tenía uno pequeño. Un netbook rojo, adorable, pero que había tratado tan mal que había terminado cayéndose tropecientas veces provocando que en una ocasión una de las esquinas de la parte que cubría el trasero de la pantalla desapareciese en combate y mostrase para todo el polvo que quisiese entrar, su interior lleno de cables.

Había aprendido a encontrar un tipo de evasión. Messenger había sido mi salida para casi todo en aquellos últimos meses. Había aparcado prácticamente la lectura, pero había retomado la escritura y fotolog era testigo de ello y de mis problemas también por estar metida en un mundo donde cualquiera puede criticar sin ningún tipo de problemas. No me sorprendía que lo hicieran. Tampoco había demasiado que destacar de mí, pero sí me sorprendía la facilidad que tenían las personas de contar aquello que yo les comentaba en confianza. ¿Soy realista? Creo que el problema estaba evidentemente en mí. No sabía escoger en quienes confiar porque, ¿cómo te puedes fiar de alguien a quien no le estás viendo la cara y que quizá es esa misma persona que estás criticando?

Mi primer problema en las redes sociales con respecto a la escritura había tenido que ver con todas esas condenadas personas que leían una historia de otra. No me importaba que lo hiciese, pero había similitudes entre la suya y la mía, algo que había dicho a alguien y había creído que podía confiar en esa persona. ERROR DE NOVATA. La susodicha se lo había dicho a la otra persona y ¡pum! todo un texto hablando de lo malísima persona que soy y blablabla. ¿Alguien podía imaginarse hasta el punto de humillación que llegué? Era doloroso, demasiado. Esa persona había ido destrozando mi reputación poniéndose de víctima y la única posibilidad de respuesta por mi parte había sido cerrar el fotolog correspondiente.

Sí, reconocía que había sido una condenada borde con esa chica, pero… el enemigo es el enemigo. No podía evitar comprarme con ella y aunque mi forma de escribir no era maravillosa, ni mucho menos, estaba molesta porque un montón de personas adoraban algo escrito de forma tan nefasta que resultaba hasta doloroso.

En realidad, no podía evitar sentir que yo no era igualmente valorada y ni tan siquiera me había pasado el tiempo leyendo su historia, lo que había leído habían sido los comentarios de algunas de sus lectoras. Era un narcisismo en estado puro, el mío. Si no es para mí, no vale la pena. Aún así, y a pesar de todo, no deseaba en ningún momento que todo hubiese llegado a ese punto y mucho menos cuando lo único que había hecho había sido hacer un comentario a alguien.

Es difícil. Muy difícil. Pero era una prueba más del destino. ¿Por qué no aceptar de una vez por todas que yo no encajaba en la sociedad? Seguía y seguía luchando para recibir un nuevo bofetón, merecido seguramente, pero que no por ello picaba menos ni se volvía la excusa perfecta para mandar al mundo entero a la mierda y aislarme otra vez como una pequeña tortuga escondiéndose en su caparazón.

Si crecer era esto, si vivir era pegarte siempre contra la pared por culpa de uno mismo, ¿por qué no había mandado al diablo todo cuando pude? Mi madre, quizá por alguna razón demoníaca y no celestial, había aparecido para que continuase la tortura. ¿Era un juego divertido para alguien? A veces, pensaba que sí. Quizá podía tener sentido esa teoría filosófica en la que no somos nada más que un sueño de un gigante. Puede que ese mismo gigante tuviese algún tipo de trastorno que provocase tantos problemas en la humanidad de su mente y también puede que me hubiese escogido a mí como actriz protagonista en una de los dramas que contaría después a sus compañeros cuando se despertase. !La locura de Kyra! Próximamente en 50D porque dudaba que las tres dimensiones fuesen suficientes para unos bichos tan grandes que nos pudiesen albergar a los billones de personas del planeta.

Respiré hondo. Debía hacerlo. Permanecía escondida para todo el mundo. Había cerrado aquel fotolog, sin embargo, había abierto otro por pura iniciativa. Necesitaba expresarme, escribir. ¿Era aquello tan malo después de todo?

Sin embargo, en cuanto el messenger estuvo encendido una ventanita se abrió. Aquella a la que llamaba hermanita porque en un juego habíamos sido hermanas, me había escrito un mensaje. Leí sin poder creerme todo lo que estaba allí escrito. Aquel chico que había pasado a mejor vida en Escocia, el primero que se había interesado por mí, era falso, completamente falso. Detrás de él había estado una chica haciéndose pasar por chico, jugando con mis sentimientos con los que mi «hermanita». Quise gritar, deseaba hacerlo, sin embargo, en su lugar le deseé todos los males del mundo a aquella tiparraca que me había hecho llorar durante días por una muerte falsa. ¿Cómo demonios se podía ser tan cruel?

 


Leave a comment