2018 / Jun / 02

Mi mirada se encontró con unos ojos claros, duros, que parecían carecer de sentimiento alguno salvo la ira. Una ira desmedida hacia mi persona, una ira desproporcionada y sin sentido que, sin embargo, en lugar de provocar mi propio enfado, una respuesta habitual, despertaba a aquella niña sumisa que había besado el suelo de aquellos que habían hecho añicos su vida.

Un perdón quería escapar de mis labios, pero a duras penas si era capaz de articular palabra alguna o de intentar desenganchar mi ropa de aquel reloj. Estaba nerviosa, demasiado. Mis dedos me temblaban y me sentía igual que si estuviesen decidiendo si era digna de seguir viviendo o no.

Finalmente el sonrojo hizo su aparición. Me maldije internamente. Siempre había odiado esa capacidad mía de ser un lienzo clarísimo de mis emociones frente a mi interlocutor.

Fue entonces en que sus dedos decidieron ayudar a los míos para desengancharnos de forma que cada uno pudiese continuar con sus labores. Su piel rozó la mía simplemente por el intento de tomar la iniciativa y aparté la mano tan rápido como pude puesto que jamás nadie antes me había tocado la mano, bueno, mujeres sí, pero jamás me había tocado la mano ningún hombre y eso me ponía extremadamente nerviosa.

Mi rápido rechazo pareció divertirle más que molestarle y mi sonrojo parecía ser un añadido a la situación dado que a pesar de haberme percatado que ya había resuelto el embrollo aún mantenía entre sus largos dedos, cogida en un pellizco, ese trozo de tela de mi ropa.

— Creo que ya está, señorita —dijo tras estar unos segundos observando mi rostro.

— Muchas gracias y perdóneme —comenté afanada en desaparecer del radar de aquellos ojos tan intensos, no obstante, había parecido perder capacidad alguna de mandato sobre mi cuerpo paralizado.

— No es de aquí, ¿verdad? —preguntó rápidamente aquel hombre colocándose el gemelo de la chaqueta de su traje y por lo bien vestido que estaba tenía toda la pinta de ser más profesor que alumno dentro de aquel campus.

— No, he venido a una charla de Psicología que impartirá la doctora… —intenté recordar su apellido, pero estaba tan nerviosa que como instinto me puse a pensar mordiéndome el labio y desviando deliberadamente la mirada de mi interlocutor para así no terminar con una taquicardia.

Entonces, sin decir nada más, asintió y se marchó negándose a despedirse como una persona educada. Alcé una de mis cejas como respuesta ante aquel gesto tan extraordinariamente maleducado y rumié entre dientes un improperio en mi ruso natal para que no me entendiese si es que llegaba a oírme.

Me giré sobre mis talones intentando calmar el mal humor y las ganas de gritarle algo que sí fuese capaz de entender. Fui buscando algún lugar donde poder intentar orientarme o algún tipo de letrero que me indicase dónde estaba la facultad de Psicología en todo ese campus inmenso.

Podía sentir aún la mirada intensa de aquel hombre que me provocó un nuevo estremecimiento de pies a cabeza, pero era igual que un escalofrío, nada bueno. No obstante, ese escalofrío había logrado bajar la temperatura de mis mejillas que hasta ese momento habían parecido dos antorchas poderosas elevando mi irracionalidad como la espuma.

Finalmente dí con el letrero que llevaba buscando tantísimo tiempo. Estaba escrito en inglés, sí, pero por suerte sabía manejarme en inglés y conocía a la perfección cómo se escribía mi profesión y muchas de las palabras de la familia de esta.

Decidí entrar para de esa forma poder refrescarme comprándome una botella de agua puesto que, como siempre que me ponía nerviosa, mi boca estaba completamente seca. Pregunté a un grupo de chicas dónde estaba la cafetería y me indicaron hacia donde tenía que ir aunque me sentí observada de un modo extraño, algo que se tiene que sentir cuando uno es nuevo en algún lugar y todos se conocen. No me gustaba para nada tener toda la atención de los demás si no era esa mi intención poniéndome ropa fuera de lo común o un color de cabello imposible. Como acto reflejo, mantuve la mirada gacha la mayor parte del tiempo.

Botella de agua en mano, bebí un buen trago antes de dirigirme hacia la sala donde se daría la conferencia. Por lo que parecía se podía entrar antes, como en el cine, simplemente había que esperar a que todo tuviese lugar. Aún ni tan siquiera estaba la ponente, pero lo prefería así. Nadie me miraba, nadie me atendía, estaba solamente yo en una sala en la que estaría sentada en un punto estratégico para evitar que nadie dirigiese su mirada hacia mi persona. ¡Diantres! Parecía mentira que fuese psicóloga. Yo misma tenía que saber cómo enfrentarme a ese tipo de situaciones, pero los grupos grandes jamás fueron mi fuerte, así que mis tendencias huidizas aparecían tan rápidamente como el acto reflejo de quitar la mano cuando algo quema.

Abrí mi bolso. Saqué mi libreta, mi bolígrafo y también el libro que estaba leyendo en ese momento. Había vuelto a los clásicos de la literatura y entre mis dedos el ejemplar que guardaba desde mi adolescencia de “Orgullo y prejuicio” estaba ligeramente desgastado por no haber podido parar de leerlo durante tantos y tantos momentos de mi vida. Si me paraba a pensar podía recordar cada uno de mis diálogos favoritos, la manera en la que Elizabeth poco a poco se da cuenta de su amor por Darcy quien lamentablemente tiene que darle miles de explicaciones a actos que en primera instancia parecían malvados y que no era otra cosa que no fuese su estilo de vida. Pero siendo realista, yo también había odiado y amado tantas veces a Darcy como veces había leído esa novela. Sin embargo, el romanticismo era más que evidente que se ganaba a pulso mi corazón soñador.

— Evidentemente tenía que ser Elizabeth Bennet —dijo una voz grave a escasa distancia de mí.

Di un pequeño salto por el susto pues me creía sola y su sigilo no había ayudado ni lo más mínimo. Cerrando el libro con vergüenza y con mi corazón a punto de salirse por mi boca por la sorpresa, mis ojos terminaron por encontrarse con aquellos ojos azules, fríos e intensos de antes. ¿Qué diablos hacía ese hombre aquí si se había marchado en la dirección opuesta?


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